INDICE
DE RELATOS EROTICOS
•
Relatos
• Cuentos
XXX • Literatura
erotica • Narraciones
• Cuentos
porno • Historias
de sexo
Amarse
en Secreto
Es
un relato de amor entre dos bisexuales de media edad, los cuales tienen
un trato para amarse apasionadamente de vez en cuando.
Fue un sábado de invierno lluvioso, de esos que te dejan encerrado
en tu casa al lado de la estufa, observando como el agua salpica a
través de las ventanas. Habrá sido el gris del ambiente,
la quietud de las calles, el frío húmedo... no sé;
pero me sentía solo, con una necesidad infinita de saber de
ti y escuchar tu voz. Te llamé, afortunadamente estabas disponible,
invitándote esa noche a mi casa a cenar. Ya entrada la noche,
y cuando terminaba de poner la mesa suena el timbre. En el portal
de la puerta estabas tu, esquivando el agua de la lluvia que aún
no dejaba de caer, la cual mojaba tus ropas. Estabas un poco más
gordo, con más canas en tus sienes, pero siempre con esa sonrisa:
la misma sonrisa sensual, coqueta y acogedora con que me habías
recibido en tu casa hace cinco años, después de habernos
conocido en un chat. Habían sido 5 años de ir y venir,
en donde cada uno había tenido que sortear un sin fin de problemas.
Problemas que no habían sido fáciles de solucionar,
con varios tropiezos en el camino, pero con paciencia y coraje habíamos
logrado salir adelante. Ahora tu a los 50 años y yo a mis 35,
estábamos pasando por un periodo de tranquilidad el cual se
nota en nuestras rostros. No dejó de asombrarme lo positivo
y alegre que estabas, como los viejos tiempos. ¡Cómo
sino! Si me contabas que tus hijos ya habían terminado la universidad,
independizándose económicamente de ti; el divorcio con
tu esposa había finalizado sin ningún problema, el trabajo
te lo estabas tomando con más calma, respetando los horarios
de salida; los doctores te habían dado de alta de todos tus
males y ya no estabas tomando más remedios. Yo te escuchaba,
feliz por ti, perdiéndome en la brillantes de tus ojos, dándome
cuenta que eras como el vino: entre más viejo mucho mejor.
Así durante un par de horas, mientras comimos una receta croata
que tanto te gustaba, nos pusimos al día en la vida de cada
uno. Te conté que ya era Magíster en Economía,
que donde estaba trabajando me encontraba a gusto con altísimas
posibilidades de desarrollo profesional. Tu no perdiste la oportunidad
de reírte de mi calvicie insipiente, la cual antes ocultaba,
pero a lo que sólo justifique encogiéndome de hombros.
El equipo de música empezó a tocar una canción
romántica de moda justo cuando nos quedamos en silencio. No
sé que te dio que me sacaste a bailar. Al principio me negué,
ya que nos vemos ridículos con las 20 cm de estatura que te
llevo. Pero que más daba, si nadie nos estaba mirando. Estábamos
solos. Sólo tu y yo. Al principio estuvimos distantes por la
diferencia de porte. La iniciativa la tomaste tu (ya que yo soy muy
tonto en esos menesteres) abrazándome y colgándote de
mi, apretándome fuerte, siguiendo el ritmo de la música.
Yo incliné mis rodillas, tu te empinaste, hasta que nuestros
labios se juntaron, dándonos un suave beso. – Te extrañe
- te dije, poniendo mi cabeza sobre tu hombro. Tu tomaste mi cara
con una de tus manos y mirándome fijamente, me dijiste: - Te
quiero mucho y también te he extrañado. Después
de eso nos dimos un beso largo y apasionado, en el cual nuestras lenguas
se volvieron a juntar y nuestras manos recorrieron nuevamente nuestros
cuerpos, despertando toda la pasión dormida hasta ese instante.
Esa vez yo quise llevar la iniciativa, por lo que no dejé que
movieras tus manos, sólo que te dejaras hacer. Suavemente te
fui sacando la ropa, de a poco me volví ha encontrar con tu
pecho lleno de pelos y esa pancita que siempre me ha gustado. Te saque
los pantalones, saboreando tus cortos muslos, también colmados
de vellos. Te hice cosquillas en los pies, generando una risa tierna.
Continuara...