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Cuento incompleto ( Cap 2 )

Él iba bajando sus labios por la espalda hacia abajo, siguiendo la línea de la columna vertebral. Ella besaba, casi chupaba, mis pezones, y desplazándose lateralmente hacia los brazos semilevantados, la axila.
De repente lo tenía a él delante de mí, cogiendo mi cabeza entre sus palmas y dándome un beso, acariciando mi espalda y cogiendo mis nalgas igual que hacía un minuto había hecho con ella.
Mientras, unas manos expertas lo estaban desnudando, hasta que noté toda su piel y su poder rozando, presionando sobre mí. Fue ella misma la que soltó el cordón que me ataba las manos y me llevó hasta la cama. Los tres retozamos acariciándonos.
Los besos saltaban de cuerpo en cuerpo, boca a boca, mezclados con caricias, magreos.
Al poco, las caricias ya habían subido de tono y eran descaradamente sexuales, ...¡para eso estábamos ahí!. La herramienta preferida seguía siendo la boca, pero aplicada a los lugares donde más que emoción despertaba pasión. Yo mantenía aun el tanga pero poco podía hacer por mantener oculto mi pene.
El sujetador estaba totalmente descolocado, por lo que le solté el broche de la espalda; cuando ella terminó de quitárselo me fijé en como él miraba sus tetas, tan preciosas, duras, carnales, con esos pezones en punta que estaban diciendo ¡chúpame!.
No pudo resistirse y se lanzó a por ellos, sin saber –yo no se lo había comentado nunca- que eso suele ser el inicio de su primer orgasmo.
Ella empezaba a gemir, pero decidió que no iba a ser la protagonista de la cita, por lo que se giró en la cama, y sin apartar sus tetas de la boca de mi amante (que seguía pegado a ellas) empezó a chupar mi pene, que en ese momento estaba ya duro y brillante.
Él empezó a bajar desde las tetas hacia su vientre hasta que llegó al lugar en que la tela del tanga le molestaba para lo que pretendía hacer.
Empezó a bajarlo y descubrió que su pubis estaba completamente rasurado; bajo más el tanga hasta quitárselo y comprobó que todo su coño estaba igualmente afeitado.
Vi su gesto de sorpresa y a la vez de agrado, seguramente era la primera vez que tenía delante un pubis depilado. Se lanzó a él y empezó a acariciarlo con los labios, y poco a poco a sacar la lengua y pasarla por los labios mayores y por los menores, en busca de su clítoris y con él el placer de mi mujer, que empezó a remover su cintura en un gesto habitual en ella, que anticipaba uno de sus orgasmos. No llegó a tenerlo. El paró de chupar su pubis, y se deslizó por sus muslos de camino hacia sus pies mientras bajaba una de sus medias.
Llegó a ellos, le quitó el zapato y volvió a repetirlo con la otra pierna y el otro zapato. Con eso, las únicas prendas de ropa que alguien llevaba en ese apartamento eran mi tanga rojo y los guantes.
Al quitarle las medias y los zapatos ella se había dado la vuelta y soltado mi pene. Yo estaba de rodillas sobre la cama.
Ella me miró y le dijo ‘¿Te gusta mi nena?’
‘Si, está guapa’
‘Pues fóllatela para mí’.
Como única contestación sonrió y se dirigió hacia mí, colocó sus manos en mi cintura y empezó a bajar el tanga.
La mirada de asombro fue esta vez mayúscula.
La propia cita ya había sido una sorpresa, yo solo había quedado con él para un polvo como el de otras veces sin decirle nada del numerito que le estábamos preparando.
El depilado del cuerpo, que ya había notado cuando me abrazó mientras estaba colgado del techo, debió de sorprenderle, aunque no hizo ningún gesto especial de asombro, salvo una leve convulsión que noté mientras pasaba su boca por mi cuello y sus manos por mis nalgas.
Pero al ver completamente afeitado el pubis hizo un gesto de asombro casi cómico: su boca quedó abierta en un primer momento que se fue convirtiendo en una sonrisa medio irónica, medio pícara. Levantó el pene hacia arriba, mi corazón se preparó para lo que vendría enseguida aumentando su velocidad, se hizo un hueco en mi estómago y empecé a notar su lengua por mi bolsa, preludio de un paseo por el miembro duro.
Ella se puso junto a mi, me besó con cariño, como si fuera la culpable de algún tipo de inmolación a la que me entregaba.
La besé en la boca, y mientras notaba ya mi pene dentro de la boca de mi amigo, empecé a chuparle las tetas, los pezones, hasta conseguir otro de esos gemidos que ya le habíamos oído esa mañana. Me abracé a ella, lo que impedía el trabajo que me estaban haciendo abajo.
Rodamos los dos por la cama, hasta que quedé encima de su cuerpo. Abrió las piernas y la penetré despacio, no por que hubiera ningún tipo de resistencia sino para disfrutar de la penetración.
Nos regodeamos los dos en sentirnos compenetrados de aquella forma, unidos mediante esa profunda penetración y abrazados, acariciándonos mutuamente. Volvimos a rodar por la cama, hasta que quedamos de medio lado.
Él se acercó por detrás de ella y la abrazó, abrazándome a mí a la vez, pegado a su espalda. Su nuca y sus hombros fueron el destino de sus labios, mientras ella gemía como el ronroneo de un gato; sus manos, a la vez acariciaban mi espalda.
No fue premeditado, evidentemente, ni necesitamos hablar para ponernos de acuerdo. Casi a la vez que yo me retiraba de ella, él se introducía allí donde antes había estado mi pene. Ella lo notó, y no bajo su nivel de gemidos, que fueron creciendo conforme aumentaba el ritmo de la penetración. No había dejado de estar abrazada a mí, besándome haciendo con su lengua una especie de penetración en mi.
Esa sensación, notando como iba subiendo el nivel de excitación que iba a acabar llevándola al orgasmo, provocado por la penetración de otro hombre mientras permanecía abrazada a mí, pegada su piel a la mía, esa sensación formaba parte de mis más íntimas y antiguas fantasías, que ahora veía cumplida de esta forma tan especial.
Me dediqué a sus pechos, pasando la lengua por sus pezones. Al poco ella llegó al que iba a ser el primero de sus orgasmos de esa mañana. Cuando su ritmo empezaba a bajar, volví a sus pezones, él mantuvo su movimiento hasta que llegó el segundo, en una explosión de jadeo que la hizo temblar.
La relajación posterior no duró mucho. Salió del breve letargo de descanso acariciando la nuca que tenía detrás de ella. ‘Vamos a por ella?’.
Continuara...


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