INDICE
DE RELATOS EROTICOS
•
Relatos
• Cuentos
XXX • Literatura
erotica • Narraciones
• Cuentos
porno • Historias
de sexo
Un
sueño hecho realidad
Quedé
con un contacto que hice por internet, en principio sólo para
hablar de nuestra bisexualidad...
Comencé a hablar con él a través de una página
de contactos. También era bisexual aunque a él le iba
más ser activo, así que enseguida congeniámos.
Tras calentarnos vía email acerca de lo que nos gustaría
hacer, decidímos por fín quedar un día para conocernos.
Quedó en venir a mi casa una tarde. Ninguno de los dos teníamos
experiencia, así que en un principio sólo íbamos
a hablar y, si surgía algo, puede que intentáramos practicar
algún juego de los que habíamos hablado por email. Al
fín llegó a casa, tras estrechar nuestras manos pasamos
al salón y empezamos a hablar. En un momento nuestra conversación
se desvío hacia el sexo. El sabía bien por mis emails
que lo que más me ponía era que me tratara como a una
zorra, totalmente sumisa para él, así que el corazón
se me aceleró cuando me dijo "¿Quieres hacerme
una paja para empezar?". Yo sonreí y le dije que por supuesto,
que estaba deseando verle y tocarle la polla. Se abrió el pantalón
y me enseñó su verga, medio erecta. Era normal, más
cabezona que la mía. Alargué mi mano para tocarle y
se la agarré. Era una sensación extraña pero
muy excitante, el tener una polla que no era la mía en la mano,
dura, caliente, suave... Comencé a subir y a bajar, masturbándolo
suavemente. El empezó a decirme "Te gusta mi polla, ¿eh,
putita?". Yo decía que si, absorto, contemplando su polla
creciendo en mi mano. Le masturbé durante unos minutos, hasta
que no pude más y le dije "Quiero chupártela, por
favor, déjame comértela". Estaba claro que no se
iba a negar a una invitación así, por lo que me dijo
"Espérate, voy a quitarme la ropa y a ponerme un condón".
Yo hice lo mismo, aunque no me puse goma. Se sentó de nuevo
en el sofá y yo aproveché para subirme encima. Era excitante
notar su cuerpo rozándo el mío. Dos hombres juntos,
besándose, sus cuerpos tocándose. Noté su verga
junto a la mía y me pusé muy, muy cachondo. Yo estaba
lanzado, así que baje chupandóle por el pecho, el ombligo,
hasta llegar a su rabo. Con la lengua lo recorrí, jugué
en su punta aprentado bien la lengua para que lo notara a través
del condón. Bajé hasta sus huevos y me metí uno
en la boca, lamiendólo, jugando con su bola interior. El gemía
y se retorcía de gusto "Asiiiiii, cómete mi polla,
te gusta verdad". Yo gemía de gusto y más que gemí
cuando decidí meterme su polla hasta la garganta, apretando
fuerte los labios y moviendo la lengua dentro de la boca para darle
el máximo placer posible. Él me agarró del pelo
para hacer que mis movimientos fueran más brusocs, levantando
el culo para clavarme más rabo en la boca. Yo subía
y bajaba la boca, chupando, subccionando todo lo que podía,
haciéndole retorcerse de placer. En un momento dado sus gemidos
se hicieron más profundos y sus movimientos se aceleraron.
Comprendí que iba a terminar. Yo estaba loco de gusto por comerme
al fín una polla así que, loco por la pasión,
le quité el condón. Quería tragarme su semen,
que se corriera en mi garganta y me llenara la boca con su lefa. Al
principio se negó, no quería hacelo sin condón,
pero cuando me metí su pene de nuevo en la boca y empecé
a mamar, no pudo resistirse. Me agarró de nuevo del pelo y
apretó mi cabeza contra sí hasta que polla entró
en mi garganta. Lanzando un grito de gusto empezó a correrse
en mi boca. Yo notaba los chorros de su semen llenarme, calientes,
salados y espeso... deliciosos. Tragaba todo lo que podía,
absorbiendo, succionando, intentando que me regalará hasta
la última gota de su semen. Su corrida fué larga y salvaje,
se notaba que él tenía tantas ganas como yo. Cuando
terminó seguí lamiendo su pene, recogiendo las últimas
gotas que salían, lamiendo mis mejillas para comerme lo que
había resbalado fuera de mi boca. Me quedé de rodillas
besando su pene, volviéndolo a chupar, adorándolo. En
mi polla, tiesa como un palo, asomaba una gota de líquido preseminal.
No había llegado al orgasmo físico, pero si al mental.
Se recuperó poco a poco de la buena corrida que le había
procurado. "Vamos, quiero verte hacer algunas de las cosas que
me has contado por email", me dijo. Yo obedecí sumiso,
encantado de qué por fín se cumplieran mis sueños
mas cerdos. Fuí a la nevera y elegí una zanahoria bastante
gruesa. No era como una polla, pero si bastante hermosa. La lavé
bien lavada y fuí a mi habitación, dónde él
me estaba esperando fumando un cigarro en la cama. "Venga, enseñáme
lo puta viciosa que eres", me dijo. Cogí un bote de crema
corporal de la mesilla y me subí a la cama y me puse de espaldas
a él, con el culo en pompa, mostrándoselo, y la cara
apoyada en la cama. Me puse crema en los dedos y me metí uno
en el culo. Él apagó el cigarro y observaba la escena
con deleite. Dirigió la mano a su poya y comenzó a meneársela.
Yo me metía el dedo en el ano, mientras con la otra mano me
separaba las nalgas para que me viera mejor. Pronto fueron dos los
dedos que me metí en el culo, retorciéndome de gusto.
Cogí la zanahoria y le puse algo de crema en la punta. Comencé
a pasármela por el agujero, mientras decía "así,
así quiero que me metas tu polla". Dirigí la punta
hacia mi ano y comencé a metérmela. El ya tenía
su polla bien dura y se la meneaba con gusto y cara de cerdo, disfrutando
del espéctaculo. Yo cada vez metía un poco más
de la zanahoria en mi culo, tal y como había hecho cien veces
a solas. La metía y la sacaba dándome gusto, moviendo
el culo hacia atrás, más que nada para excitarlo. Estuve
un buen rato así, metiendómela, hasta que mi rabo estaba
apunto de estallar. En ese momento el cogió la crema y se untó
un poco en la punta del rabo. Se pusó de pie y me dijo "Ahora
vas a saber lo que se siente con una polla dentro". Saqué
la zanahoria y me separé el culo, abriéndolo bien. Yo
deseaba aquella polla en mí, quería ser follado, que
me penetrara y me llenará de pene. Dirigió la cabeza
de su cipote a mi culo e hizo fuerza. Gracias a mi masturbación
el ano estaba dilatado, pero aún así el dolor fué
muy intenso. La polla se me bajó al instante. Pero él
no paró, siguió embistiendo, metiédome un poco
más cada vez. Sacaba y metía, provocándome un
ardor en el culo que jamás había sentido. Pero no sólo
era dolor, también había placer. El placer de ser poseído.
Pronto noté sus huevos chocando con mi culo, la tenía
clavada hasta el fondo. Ahora sí, fué la señal
de que lo peor había pasado. El dolor fué mitigándose,
transformándose en gusto. Sus embestidas se aceleraban, cada
vez que su pene entraba dentro de mí yo apretaba el culo para
notarlo mejor. El gusto crecía, me agarré el pene y
comencé a masturbarme. Me estaba follando como a una perra,
agarrándome de las caderas y embistiendo con todas sus fuerzas,
para abrirme, para reventarme el culo. Yo era suyo, me poseía,
era capaz de hace cualquier cosa que me pidiera con tal de que me
siguiera follando. Aceleró sus embestidas, gimiendo como un
animal. Yo movía el culo, en busca de su polla, aprentándolo
fuerte para darle más gusto. Aulló de gusto y de repente
se quedó quieto. Sus chorros me llenaban el culo, los notaba
en mi interior. Eso fué demasiado para mí. "Dios,
me corro, me corroooo, Dios que gustooo". Me corrí como
jamás lo había hecho. El orgasmo fué gigantesco,
nunca me había corrido así. Caí rendido en la
cama, con el culo dolorido, con él gimiendo a mi lado. Me puso
la mano en la espalda y me acarició. "Me parece que voy
a venir a menudo a tú casa", me dijo. Y yo no dudaba que
iba a ser así.