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DE RELATOS EROTICOS
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Amistad,
amor y sexo ( Cap 3)
Nunca
me planteé la bisexualidad, pero mi esposa y mi amigo me lo
han dado todo.
Era Miguel. Salimos a su encuentro para recibirle y darle la bienvenida.
Nos abrazamos y le presenté a Laura, se le besó en ambas
mejillas y dijo que no sabía lo contenta que estaba por conocerle.
“Eres muy guapo”.
Le ayudé a entrar el coche en el garaje y con la bolsa de viaje,
y nos dirigimos al interior de la casa para enseñarle su habitación.
Una vez instalado, nos encontramos los tres en la cocina y tomamos
unas ginebras con tónica, mientras charlábamos y nos
contaba dos pequeñas incidencias que había tenido durante
el viaje.
Observé que a Laura le caía bien Miguel, estaba muy
pendiente de él y le prestaba toda la atención. Habíamos
arreglado para cenar en casa, pues no conocíamos ni por aproximación
la hora de su llegada.
Así, Laura sugirió a Miguel que se duchara, si quería,
pues ella y yo pensábamos hacer lo mismo. La cena estaba preparada.
Acompañamos a Miguel a su habitación y nosotros nos
fuimos a la nuestra. Me duché y vestí antes que Laura
y bajé al salón para esperarles. Mientras me preparaba
una copa, entró Miguel y se apuntó a la ginebra.
Laura tardó todavía un cuarto de hora en bajar, tiempo
que Miguel y yo pasamos hablando.
Ocupaba él entonces la dirección de un departamento
de investigación farmacológica de una multinacional
del medicamento. Las cosas le iban francamente bien y seguía
soltero.
Me explicaba que hacía dos meses que había terminado
con su novia más o menos eterna, cuando entró mi esposa.
Ambos nos levantamos y nos quedamos mudos de asombro.
Laura se había embutido en un vestido que yo sólo recordaba
que hubiera puesto una vez, años atrás. Se trataba de
un vestido-túnica no excesivamente holgado, sin mangas, un
escote delantero generoso y otro trasero que llegaba hasta el comienzo
de sus nalgas. Una raja en la parte delantera izquierda y dos largas
aberturas bajo las axilas dejaban entrever sus senos. Iba escandalosamente
envuelta en su desnudez mas que vestida por una prenda. Miguel quedó
embelesado.
Laura se dirigió hacia él y le dio un beso en la frente,
diciéndole que estaba muy contenta de conocer al mejor amigo
de su marido; amigo que por otro lado le parecía muy guapo
e interesante.
Miguel no se quedó corto y alabó la buena suerte de
su amigo y lo mucho que le envidiaba por tener el amor de una mujer
tan exquisita como ella. Ante aquel diálogo tan idílico
me reí, y al son de una cancioncilla infantil canturreé:
“están enamorados, están enamorados…”.
Ambos se habían puesto colorados como tomates, al igual que
dos adolescentes pillados en falta. Mi esposa se recuperó y
nos invitó a ayudarla a servir la mesa. Miguel recuperó
el habla y fue a buscar dos botellas de vino que dijo que había
traído, y al quedar solos di a Laura un pellizco en la nalga
diciéndole “øQué tal…?”. Ella
me miró a los ojos y respondió “Te quiero, te
quiero a ti y a todo lo que tu quieres”. La cena discurrió
locuaz y alegremente, teníamos muchas cosas que contarnos y
los recuerdos de anécdotas de tiempos pasados afluían
constantemente. Laura se reía, preguntaba, se divertía;
y el buen vino que había traído Miguel ayudaba a crear
una cálida intimidad.
Terminamos de comer y seguimos sentados a la mesa, fumando y apurando
el vino, cuando en uno de los escasos instantes de silencio, Laura
espetó de buenas a primeras que conocía nuestras travesuras
en el piso de estudiantes.
Miguel se dirigió a mi y yo asentí con la mirada. Dije
que Laura era también mi mejor amiga y que no tenía
secretos con ella. Además, yo no tenía mal recuerdo
de aquello ni me sentía culpable.
Miguel añadió que él y yo lo habíamos
compartido todo y que por lo que a él se refería, simplemente
se había desinhibido con su amigo. Luego nos habló de
su vida sentimental, que calificaba como desastrosa por su incapacidad
de asumir las obligaciones de una relación estable.
Esta era la razón de la reciente ruptura definitiva con la
que había sido su novia durante cinco años. Quedó
un poco triste y los tres callamos. En este punto Laura se levantó
y vino hacia mí. Me besó en la boca y nos pegamos un
morreo fenomenal a la vista de Miguel, que ponía cara de no
entender nada. Laura se pegó a mi oreja y preguntó si
podía besarle también a él. No esperó
respuesta y acercándose a Miguel, se sentó en su regazo
y rodeó su cuello con los brazos.
A los pocos segundos se estaban besando sin tapujos y pude observar
como las manos de Miguel se animaban a recorrer la espalda de mi esposa.
Laura separó su cara de mi amigo –ya nuestro– si
levantarse y preguntó que por qué no nos íbamos
a la cama. Pese a que mi esposa es persona decidida y poco dubitativa
cuando de hacer lo que quiere se trata, confieso que me sorprendió
la rapidez con que ocurrió todo. Miguel tenía los ojos
como platos y mi esposa paseaba la mirada insinuante de uno a otro.
Me levanté, la besé largamente en la boca y la tomé
de la mano. Ella a su vez tomó la de Miguel y los tres nos
dirigimos hacia nuestro dormitorio. Ella se desnudó en un santiamén
y se sentó con las piernas cruzadas en el centro de la cama,
con la espalda apoyada en la cabecera. Empecé a desnudarme
y Miguel me imitó. Laura, al ver emerger las dos vergas, comentó
que éramos realmente iguales; ya que él la tenía
larga y gruesa como yo. Estaba realmente excitada, la conozco y sé
distinguir el brillo de su mirada; además, por la postura que
había adoptado podía ver su entrepierna y allí
también brillaba a causa de que su coñito rezumaba fluidos
de deseo. Una vez desnudo me senté en el borde de la cama.
Ella abrió los brazos a Miguel y le llamó.
…l lucía toda su erección, lo que motivó
un comentario jocoso mío. Nos miró alternativamente
a mi esposa y a mí. Ambos asentimos y entonces se sentó
al otro lado de la cama, al lado de Laura y le cogió la mano.
Ella lo atrajo hacia sí y ambos se unieron en un abrazo, se
derrumbaron sobre la cama y mis sentidos se vieron inundados por las
sentidas palabras que escuchaba y por los sonidos carnales que de
ellos salían. Siguieron todos los pasos del arte amatorio:
desde el entrecruzar de sus lenguas a las caricias por todo el cuerpo
de su respectivo amante, el irresistible descenso de mi esposa hacia
la entrepierna de mi amigo y la suculenta mamada que le hizo.
…l iba diciendo que era maravillosa y con la mano en la nuca
de ella iba guiando sus movimientos. Yo observaba plácidamente
y me sentía en el cielo ante aquella escena, acariciándome
suavemente la polla, ya que no quería correrme inopinadamente
y perder lo que restaba de aquella maravilla. No tardaron en unirse
en una cópula brutal que finalizó en un orgasmo simultáneo
que los separó y dejó con la respiración entrecortada
durante largos minutos, hasta que les dediqué unos aplausos
y les dije que habían estado fenomenales. Laura abrió
los ojos y me pidió que me tumbara de espaldas. Así
lo hice y entonces me preguntó si aún mantenía
aquella fantasía de tragar el semen de su amante. A modo de
respuesta cerré los ojos y abrí la boca. Ella se sentó
a horcajadas sobre mi cara y yo hundí mi lengua en su abertura,
de la que se deslizó inmediatamente una masa viscosa y cálida
hacia mi interior. Lamí bien su coñito y tragué
toda la leche que mi amigo había dejado en su interior. Esto
me puso de tal manera que me masturbé frenéticamente
hasta acabar en una corrida que me salpicó hasta la barbilla.
Las sensaciones que pasaron por mi cabeza fueron infinitas, pero destacaba
el placer que me causó haberme degradado hasta sorber el fruto
del deseo de su amante, combinado con el hecho de que mis únicos
contactos con otro hombre, o en este caso con su semen, siempre y
únicamente habían sido con Miguel. Fumamos un cigarrillo
y nos reímos haciendo frases tópicas relativas a la
situación que estábamos viviendo. Fue entonces cuando
Laura dijo que le encantaría vernos a los dos montárnoslo.
Miguel respondió que tras haber visto como yo engullía
no se oponía a rememorar viejas experiencias, pero que esta
noche estaba prendado de Laura. Yo dije que aún quedaban días
para todo. Con estas palabras la polla de Miguel volvió a dar
un respingo, que fue percibido por mi mujer y fue el principio de
otras tórrida sesión de sexo, sólo que en esta
ocasión yo también participé y Laura chupó
y folló alternativamente con uno y otro, hasta que ambos nos
derramamos al unísono sobre su pecho y vientre. Laura, con
ambas manos, mezcló nuestras leches y se embadurnó con
la crema resultante. Nuestra cama matrimonial era muy dimensionada
y los tres cabíamos cómodamente. Propuse a Miguel que
si quería podía quedarse a dormir con nosotros. Aceptó
y de esta manera, Laura entre los dos, nos quedamos dormidos. Y ahora,
recordando estos momentos, tal vez de los más dichosos de mi
vida, me he puesto muy caliente. Guardaré este escrito y lo
imprimiré. Laura está ya en la habitación, acostada
y leyendo en la cama. Le leeré estas líneas. Buenas
noches….