INDICE
DE RELATOS EROTICOS
•
Relatos
• Cuentos
XXX • Literatura
erotica • Narraciones
• Cuentos
porno • Historias
de sexo
Amistad,
amor y sexo ( Cap 2 )
Nunca
me planteé la bisexualidad, pero mi esposa y mi amigo me lo
han dado todo.
Me corrí llenándole la mano de leche y simultáneamente
él aumentó la potencia de sus ataques y gritándome
“°toma!, °toma!”, se abrazó a mi pecho
y reventó en una corrida de semental. Salió de mis entrañas
y quedamos ambos derrengados sobre la cama, deshechos pero relajados.
No pude evitar decir que había sido genial, genial…
Miguel dijo que a él le había resultado fantástico.
Me ofreció la revancha, pero en aquel momento ya estábamos
ambos cansados y decidimos dejarlo para la próxima ocasión.
Así nos despedimos y él marchó a su habitación.
El día siguiente, al despertar, nos encontramos en la cocina
e hicimos y tomamos café. Comenté que me escocía
el culito y, de repente, Miguel se agachó frente a mí,
poniéndose en cuclillas. Metió la mano por la abertura
del pantalón de mi pijama y me agarró el paquete. Me
dijo que se había despertado muy calentorro, que aún
tenía ganas y que no le importaría sentir el mismo escozor.
Respondí que mejor nos ducháramos antes y así
fuimos pasando primero él y después yo al cuarto de
baño. Cuando salí con la toalla envuelta a la cintura
y entré en mi habitación, allá estaba Miguel,
desnudo y boca arriba estirado sobre la cama. Me dijo ven y hazme
sentir chica como tú anoche. Nos la mamamos uno al otro con
ganas y perforé su ano, follé y me corrí de gusto
dentro suyo con la misma delicadeza que él había tenido
conmigo pocas horas antes. En el transcurso del año repetimos
la experiencia cierto número de ocasiones, todas muy semejantes.
Nos echamos novia, pero a veces no saciábamos nuestro deseo
con las chicas y, al llegar a casa, nos las apañábamos
solitos. Llegamos a disfrutar mucho a base de mamadas y penetraciones
en toda regla: probamos todas las posturas y soltábamos la
leche en todos los rincones de nuestros cuerpos. El curso siguiente
Miguel y yo continuamos una amistad que ha durado hasta la fecha,
pero ya no estuvimos en el mismo piso y aquellas sesiones de auténtica
sodomía no volvieron a tener lugar. A veces las recordábamos,
con un guiño de complicidad, pero nos considerábamos
totalmente heterosexuales. Terminamos la carrera y la vida nos separó,
pese a que mantuvimos correspondencia con asiduidad y nos hemos seguido
viendo dos o tres veces al año. Miguel sigue soltero, pero
yo conocí a la mujer que más he amado y amo: mi esposa
Laura, con la que no tengo secretos, pero sí una gran identificación
ya que los dos somos –todavía, pese a los años
de convivencia– muy activos sexualmente. Al poco de conocer
a Laura, nos casamos y comenzamos a vivir la realidad de nuestras
respectivas fantasías. Ella tiene vocación y alma de
prostituta sumisa que gusta de entregarse a un hombre para someterse
a todos los deseos masculinos, mientras que yo tampoco rechazo un
toque de sumisión por mi parte, tal vez debido a mi carácter
y posición dominante. Un día, en plena sesión
de sexo, conté a Laura mi historia con Miguel, de quien ella
me había oído hablar mucho aunque todavía no
le conociera. Ella me preguntó si había vuelto a repetirlo
con algún otro hombre. No. Después de aquello a veces
lo había recordado, y a veces me excitaba pensar en ello. El
problema es que los hombre no me gustaban, ni me gustan ni atraen,
pero que aquello había sido una historia singular, más
relacionada con el ardor incontenible de la edad que con la homosexualidad.
Laura se excitó y pegamos un polvo de locura, en cuyo transcurso
hizo (por primera vez) incursiones en mi ano con su dedo anular y
más tarde me confesó que siempre había sentido
curiosidad por ver a dos hombres haciéndoselo. A partir de
entonces y para satisfacción y placer míos, empezó
a dedicar atenciones a mi culito y llegamos a compartir el vibrador
y la vaselina…
Una de mis más recurrentes fantasías siempre ha sido
ver a mi mujer en brazos de otro hombre. Laura lo sabe casi desde
que nos conocemos y no ha sido difícil realizarla. Ella se
ha acostado con otros hombres con mi pleno consentimiento y hasta
con mi incitación. Ha elegido a sus amantes y me los ha presentado
(°Qué dulce es sentirse cornudo y estremecerse al apretar
la mano de quien cree que te engaña con tu mujer!). En una
ocasión que habíamos invitado a un buen amigo nuestro
a comer en nuestra casa, acabamos los tres en la cama. Disfruté
como un loco viendo a mi Laura mamársela a otro hombre y pedí
permiso a Xavi, que así se llamaba nuestro amigo, para besar
y lamer la polla que iba a follar a mi mujer. Asintió y me
la metí en la boca y la devoré con auténtica
gula. Laura miraba y me animaba llamándome putita, hasta que
dijo que ya estaba bien, que la leche de Xavi era para ella y no para
mí. Ellos follaron en presencia mía, que me estaba masturbando
viendo como él la tenía sentada encima y ella lo cabalgaba
como si en ello le fuera la vida. Aquel día vi como Laura tenía
el coño inundado de leche de un hombre y me corrí ante
esta visión. Un día me llamó Miguel para anunciar
su visita. Se acercaba un fin de semana de cuatro días y había
pensado venir a pasarlo con nosotros, si no resultaba inoportuno.
Me alegré mucho de volver a verle y de que Laura, por fin,
le conociera. Por descontado que lo invitamos. Desde aquel momento
y hasta el día que llegó Miguel, Laura pareció
que había entrado en trance erótico. Por las noches,
al acostarnos, me metía mano directamente al paquete; y cuando
mi excitación era evidente sacaba el vibrador, me untaba la
entrada con la fría crema y me lo introducía, iniciando
suavemente un folleteo que iba aumentando paulatinamente de intensidad.
La primera noche que me lo hizo me corrí sin más a los
pocos minutos. Ella se rió murmurando algo como “sin
manos”, pues mi polla había estallado sola, sin ayuda
manual alguna. Al atardecer del viernes fijado Laura y yo estábamos
en nuestra casa, que está aislada del casco de la población,
a poco menos de tres kilómetros de la misma; y escuchamos el
ruido de un coche que se detenía frente a la entrada.
Continuara....