INDICE
DE RELATOS EROTICOS
•
Relatos
• Cuentos
XXX • Literatura
erotica • Narraciones
• Cuentos
porno • Historias
de sexo
Carta
a Beba.
En
respuesta a tu carta, querida amiga, debo decirte que no me has ofendido.
En respuesta a tu carta, querida amiga, debo decirte que no me has
ofendido. Al contrario: más bien me halaga tu propuesta. Incluso
la forma de plantearla, por carta enviada en el correo, me parece
la más adecuada.
Quizás, de habérmelo dicho de palabra, sin tiempo de
reaccionar y frente a frente, me hubiera sentido azarada, confusa
y avergonzada, y probablemente por ello hubiera rechazado tu oferta,
y quién sabe si después hubiéramos sido incapaces
de volver a mirarnos a la cara, yo temiendo haberte defraudado y tu
pensando que me habías ofendido, y hubiéramos perdido
la dulce amistad que nos une.
Una carta, sin embargo, me ha permitido sopesar el asunto, calibrarlo,
darle vueltas en la cabeza fantaseando sobre ello, y constatar, querida
Beba, el deseo que crecía imaginándolo, que ya no me
permitiría quitarme la idea de en medio si a vuelta de correo
me respondieras que has reflexionado y ya no quieres que suceda.
Por eso sin embargo, querida, he decidido escribirte yo misma mi respuesta,
para que puedas pensarlo, aunque me consta por tus palabras que ya
lo habías hecho antes, y decirte que si, que yo también
quisiera compartirte con Alberto; que me cuesta, ahora que te escribo,
terminar cada párrafo sin detenerme a acariciarme imaginando
el día (o mejor la noche si no tienes preferencias del momento)
en que vamos a encontrarnos cara a cara mirándonos cómo
no habíamos hecho antes.
¿Sabes, Beba? Te conozco desde niñas, nos conocemos.
Hemos vivido juntas casi treinta años (a mi no puedes engañarme
sobre eso, pero te juro silencio eterno) y hemos compartido casi todo:
las clases de danza, las de religión, los novios que nos pasábamos
de crías, la pena cuando se murió mi padre; incluso
nos escapamos juntas de casa ¡Qué locas! Y nunca he pensado
en ti hasta leer tu carta cómo si tuvieras cuerpo.
Ahora, después de tantos años, me paro a rebuscar en
mis recuerdos y comprendo que no había reparado en ti las tantas
veces en que estuvimos juntas, desnudas en los vestuarios, o probándonos
ropa en "El Corte Inglés", y pese a todo, conservo
en mi memoria una imagen absolutamente nítida de tu cuerpo,
y llevo desde anoche sin poder desprenderme del deseo de tomarlo.
Si, Bebita, acepto tu oferta entusiasmada, no veo llegar la hora en
que mis labios puedan por fin rebuscar entre tus pliegues el temblor
en que te venzas; casi no puedo esperar a que me beses, y quiero sentir
que mordisqueas entre mi, que me recorres con los dedos escarbando,
que gimes al sentirme.
Alberto no me importa. Bueno, no me malinterpretes. Solo quiero decir
que no hubiera hecho eso solo con Alberto, aunque es cierto que nunca
me gustaron las mujeres, y tu sabes cómo me gustan los hombres.
Pero no hubiera aceptado solo con Alberto, por que es la idea de tomarte
la que me inspira cada minuto desde que me escribiste.
Es curioso: él es guapo, pero me hubiera servido cualquiera
que hubiera querido jugar con nosotras; que hubiera querido metértela
y hacer contraerse tu rostro de muñequita con la cabeza apoyada
en mi pecho; cualquiera que hubiera querido dejarme cabalgarle mientras
chillas con tu coñito moreno en sus labios mientras muerdes
los míos y te ahogas; cualquiera cuya polla hubieras dejado
escapar de entre tus labios al gemir mientras los míos se pierden
en tu sexo oscuro.
Puedo imaginarme rebuscando con las manos en tu cuerpo, abstrayendo
su rostro y olvidándolo; puedo imaginarlo hecho solo polla,
callado jodiéndonos mientras bailamos, y mis dedos apretándote
los senos, pellizcando los pezones, rebuscando entre tus piernas la
caricia mojada, abierta de tu sexo temblando, escarbando, rodeando
de caricias los extremos; puedo imaginarlo sin cuerpo, solo polla
que te rasga, que me rasga mientras muerdo tus labios; puedo imaginarme
sola contigo estremeciéndonos juntas tan familiares y confiadas
por fin, cómo si cada día de todos estos años
antes hubiera sido tan solo un paso más en el camino de tenerte.
Anoche, leyéndote, quise dejar flotar mi deseo buscándote
y me toqué soñando en ti, y sigo desde entonces contigo
entretejida en mi deseo, entornando los ojos cien veces cada hora
para verte, suspirando mientras llega el momento en que el cartero
te lleve los ecos de este ansia que siento, y que sueño que
sientes tu también desde que me escribiste.
¿Querrás, querida amiga, dejar que beba tu deseo estremeciéndome?
No me lo pidas, Bebita, permíteme que sea yo quién te
suplique que me llenes de ternura y de quejidos dulces, cómo
de agonía lenta; de caprichosos espasmos arrítmicos,
tiernos cómo los besos; de roces de dientes helados cómo
espadas. Deja que te tenga y podrá hacer conmigo lo que quiera,
lo que quieras tú, y lameré su esperma de tus labios,
y chillaré si deseas azotarme. Deja que nade en ti, y prometo
que seré para siempre de los dos mientras tú quieras,
que lloraré de alegría al descubrirte –piel salada
chispeando mientras besas, y ese amanecer en duermevela-.
Claro que quiero, querida niña, y estaré esperando cada
noche hasta que vengas.