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El
imperio del Sol Naciente 2.
Conocí
a una pareja de japoneses en la playa.
Ante la vista de esta escena mi polla fue volviendo a su tamaño
de guerra, preparándose para la próxima batalla. En
ese momento el chico comenzó a gemir y disminuyó la
frecuencia de sus envites, aumentándolos en intensidad, síntoma
de que se estaba corriendo dentro de su amada. Finalmente se derrumbó
sobre ella agotado por la intensidad del coito. Noriko aún
no se había corrido, así que se escabulló por
debajo de su macho y me reclamó en una viciosa insinuación
para que rematara la faena. Me acerqué a ella con la idea de
montarla pero me retuvo. Me hizo tumbarme boca arriba en la cama y
ella se subió encima presta para un 69 colocándome el
chocho en la boca, que rezumaba el semen de su pareja. Con lo caliente
que estaba no me lo pensé dos veces y comencé a comérselo,
tragándome sus jugos mezclados con los que su hombre acababa
de depositar en su vientre. Mi lengua recorría ansiosamente
su clítoris, su vagina, y su ano, el cual insistía en
penetrar. Mientras, ella se tragaba mi rabo como si de un sable se
tratase. Sus hábiles dedos me exploraban los testículos
y el ano. En ese momento el chico le acercó una especie de
crema y ella se untó las manos. Seguidamente comenzó
a meterme los dedos en el culo que entraban con absoluta facilidad
a causa del aceite lubricante que se había untado. Entonces
se levantó, se tumbó en la cama, abrió sus piernas,
elevó las rodillas y me pidió que la follara. Me subí
encima. Coloqué mi polla en la entrada de su coño y
la penetré. Era fantástico. Su vagina estrecha se adaptaba
perfectamente a mi rabo proporcionándome una sensación
de contacto total. Yo tenía miedo de hacerla daño con
lo cual procuraba ir despacio. Entonces ella puso sus manos sobre
mi culo empujando y marcando el ritmo y la intensidad de la follada.
En un determinado momento, con sus manos sobre mis glúteos
comenzó a abrírmelos, dejando al descubierto mi entrada
posterior. El chico, que ya se había repuesto de su anterior
faena, colocó su lubricado instrumento sobre mi ano. Ante lo
inevitable decidí relajar mi esfínter para minimizar
el posible daño que me pudiera causar. Su polla comenzó
la penetración y en segundos lo noté todo dentro de
mí. La sensación era absolutamente bestial. Jamás
había sentido un placer tan intenso. Mi rabo deslizándose
apretadamente en las entrañas de Noriko y el rabo de su novio
clavado en mi trasero. Comenzamos a acompasar nuestros movimientos.
Cuando yo penetraba a Noriko el chico se salía de mi culo.
Cuando yo me retiraba el acentuaba la penetración. Este juego
duró unos minutos, que yo recuerdo como los más placenteros
de mi vida. Noriko, que ya llevaba su segunda polla dentro en esa
noche, se empezó correr entre escandalosos gemidos. Su vagina
se contraía aumentando mi placer hasta que llegó a provocarme
el orgasmo, que nos alcanzó casi simultáneamente. Me
relajé sobre su cuerpo satisfecho y esperé pacientemente
que su novio terminara de sodomizarme. Al fin le llegó el orgasmo
y sentí con total nitidez como la leche escupida por su rabo
se esparcía por las paredes de mi intestino. Fue una sensación
agradable. Pena de que ya me hubiera corrido y no me encontraba excitado,
sino, seguro que lo habría disfrutado. Lentamente me fue sacando
el rabo del culo y yo saqué el mío del coño de
Noriko. Nos quedamos un rato tumbados sobre la cama saboreando los
placeres que acabábamos de disfrutar y reposando para recuperar
fuerzas. Esa noche me esperaban los más ingeniosos divertimentos
sexuales que jamás haya probado.