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Una
noche en Bangkok 3.
Nos
encontramos los tres sexos.
El biquini verde que vestia dejaba poco a la imaginacion, pero yo
no pude dejar de imaginar cosas. "Es simpatica, ¿La invitamos
a tomar algo?" me pregunto Karen. Por supuesto, confirme, y a
ser la abuela de mis nietos, si dependia de mi. Segui con la mirada
el adorable trasero de Dalia enfundado en el minusculo tanga verde
de su uniforme que iba a buscar su bebida. Pronto se volvio a sentar
al lado de Karen y brindo con los dos. Dalia nos preguntaba cosas,
pero mi mirada se escapaba hacia los deliciosos cuerpos que bailaban
en el escenario a pocos metros de donde estabamos sentados. "Dalia
pregunta que cual te gusta" me dijo Karen. La cara de Dalia con
esa sonrisa amplia de labios voluptuosos, me hizo facil responder
sin pensar. "Todas. La que mas Dalia" dije guiñandole
un ojo y con una sonrisa. Tampoco era mentira. Me habria resultado
muy dificil elegir. Todas las chicas que bailaban en el escenario
o se movian a nuestro alrededor eran muy atractivas y tenian cuerpos
impresionantes. "Lo sabes, ¿no?" me pregunto Karen.
"¿El que?" "Fijate" insistio. Seguia sin
entenderla. "Todas las chicas de este bar son en realidad chicos.
Travestis. Transexuales." me dijo. Mi cara, evidentemente, reflejo
la sorpresa de la revelacion que acababa de recibir. Tome un trago
de cerveza. Karen se puso a reir. "¿Te da corte de que
te gusten?" pues si, era la respuesta que no articule. Karen
y Dalia hablaron un rato. Evidentemente Karen le estaba contando a
la belleza del tercer sexo que yo no habia sabido de que iba la cosa
hasta unos instantes antes. Dalia se rio un poco, pero no parecio
importarle. Debia estar acostumbrada. Karen me confeso que ella tampoco
se habia dado cuenta hasta que Dalia se lo dijo. No me sentia especialmente
incomodo, pero era inesperado para mi. Que todas esas bellezas fueran
en realidad... lo que fueran, me sorprendia. Dalia, aparte de ser
transexual, nos confeso que todavia no habia tenido la oportunidad
de ser operada. Viendola, yo nunca habria dicho que fuera otra cosa
sino una mujer aunque, sabiendolo, pense que efectivamente aquellos
pechos parecian siliconados. La cara no traicionaba para nada su sexualidad
original. Las manos tampoco eran grandes para su altura. Ni siquiera
se le notaba la nuez, que yo siempre habia pensado que era el signo
evidente de un travesti. La conversacion fue interesante. Le contamos
que ni eramos pareja ni buscabamos sexo y Dalia nos conto su historia.
Que su historia fuera verdad, ya es otro asunto, pero la hizo creible.
Seguimos hablando y bebiendo hasta que las luces del local se encendieron,
buscando que los clientes lo abandonaramos. Dalia se disculpo timidamente
cuando la camarera nos pidio que pagaramos la cuenta. Debia ser por
la siesta que habiamos dormido por la tarde, pero ni Karen ni yo teniamos
ganas de ir a dormir. Le pedimos a Dalia que nos acompañara
a tomar una ultima copa en nuestro hotel. Su primera reaccion fue
esceptica. No, no buscabamos sexo con ella, nos apetecia saber mas
sobre ella y su situacion, dijimos. A cambio de la promesa de 1000
bahts, Dalia acepto. Fue a cambiarse de ropa en el bar y, en un taxi,
llegamos a nuestro hotel. Otra vez, me siento sumergido en los momentos
vividos: Volvemos al hotel. El portero de noche nos contempla con
sorpresa por unos instantes, pero pronto desaparecemos en el ascensor.
Dalia con tacones de palmo que la hacen pasarme por poco, jeans ajustados
y una camiseta que con dificultad contiene sus pechos operados, me
resulta explosiva. No se si Karen se burla de mi y planea algo o no.
Cuando hablabamos de su recien desubierto lesbianismo yo le pregunte
muchas cosas al respecto. Dalia podria tener algunas respuestas. En
el hotel, abrimos una botella de vino blanco. Dalia se quita los zapatos
y deja de ser la mas alta de los tres. Brindamos y hablamos. Dalia
nos cuenta otra vez como hace tiempo decidio que su espiritu pertenecia
a una mujer. Su historia es la misma que en el bar, pero su tono es
distinto. Contradictoriamente para lo que podriamos esperar Karen
y yo, parece sentirse menos comoda vestida que con el provocador y
minusculo biquini verde. Su cuerpo era el de un hombre, nos dice,
pero a base de espiritu, hormonas, y operaciones lo ha transformado.
Ahora esta ahorrando para el gran paso (operacion lo llama ella, a
mi no se me van de la mente unas tijeras, casi me duele la polla solo
de pensarlo) Timidamente nos pregunta nuestra opinion respecto al
resultado hasta ahora. Tanto Karen como yo confesamos que su imagen
es la de una mujer muy atractiva. Coge confianza y vuelve a preguntarnos
por nuestras circunstancias. Le resulta muy divertido saber que Karen
es lesbiana. Le sorprende que estemos juntos y con ella. No se cree
que no busquemos sexo. ¿Lo hemos probado con alguien como ella?,
nos pregunta. No. Ni Karen ni yo. ¿Nos apetece? Dificil respuesta
para mi. Recuerdo que en el bar he pensado que como podia tener pene
sin que se le notara con aquella minuscula vestimenta. Tiene un cuerpo
mas atractivo que la mayoria de mujeres "de verdad" con
las que he hecho el amor. Sin embargo no soy capaz de quitarle importancia
al eslabon perdido que la sigue uniendo con mi genero. Karen parece
divertirse viendome pensar. Le pregunto si a ella le atrae Dalia.
Responde que si, pero tambien sin conviccion. Dalia vuelve a estar
en su terreno. Si se habia sentido incomoda hablando, ahora lo olvida.
Lleva la seduccion en la sangre. Se despoja de su camiseta. Sus pechos
siliconados de gran volumen atraen por completo la atencion de mi
mirada. Desnudos e iluminados, los veo artificiales, pero sus pezones
claros y puntiagudos estan invitando a mi boca a devorarlos, aunque
ella no lo sepa. Le pide a Karen que se quite tambien la camiseta
sin tirantes negra que oculta los suyos. Cuando quedan al descubierto,
resultan minusculos comparados con los de Dalia. Los pezones rojizos,
de aureolas granuladas, casi no presentan relieve. Bueno, pues yo
tambien me quito mi camiseta. Ni mis pechos ni mis pezones llaman
la atencion, afortunadamente. Dalia lleva el control. Besa los pezones
de Karen que por fin adquieren un cierto volumen. Karen la hace parar
un momento. Me mira y mi mirada la invita a seguir. Sonrie y vuelve
a colocar la boca de Dalia en sus pezones mientras le acaricia los
voluminosos globos siliconados con ganas. Mi mano tambien va al pecho
desnudo de Dalia. Una sensacion extraña la del pecho siliconado
en la mano. Muy duro, firme, pero se nota la bolsa de silicona. El
pezon reacciona como uno de verdad.
Continuara...