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Una
noche en Bangkok 2.
Nos
encontramos los tres sexos.
Acabamos de cenar. Casi no queda comida en los platos. Era deliciosa.
Yo estoy sudando a borbotones y dudo que nunca vuelva a recuperar
la sensibilidad de mi boca. Karen tiene la cara tambien congestionada
por el picante de la comida. Pedimos la factura. 480 baht. Menos de
10 euros. Increible para la cantidad y calidad de lo que hemos disfrutado.
Salimos a la calle y a unos pasos encontramos una tienda donde venden
helados. Compramos dos para apagar un poco mas el delicioso fuego
que nos sigue quemando las bocas. "¿Y ahora que hacemos?"
le pregunto. "No se ¿Te apetece ir a uno de esos famosos
bares de Bangkok?". Hombre, pues claro, me muero de ganas. No
lo expreso de ese modo. "Bueno, si no estas muy cansada"
es la formula que utilizo. Tomamos un taxi y ella da una direccion.
"Patpong road". En pocos minutos llegamos. Un atiborrado
mercadillo en el centro y neones de todos los colores a los lados.
Eso es lo primero que me llama la atencion. Empezamos a andar y Karen
se detiene varias veces. Habla con los vendedores, regatea tecleando
numeros en sus calculadoras. Compra. Yo miro, sorprendido por el ambiente.
Pronto pasamos ante las puertas que los neones alumbran. Recibimos
innumerables invitaciones a entrar en locales que prometen desde la
cerveza mas barata a los sex-shows mas impactantes. Yo miro al interior
de los bares y descubro la vision de bellezas asiaticas en biquinis
bailando sobre plataformas elevadas. Karen pronto se da cuenta de
que las compras de camisetas me interesan mas bien poco. "¿Quieres
entrar en alguno?" Pues claro que quiero. "Bueno, para tomar
algo, ¿no?" Poco sospechaba que mundo me iban a abrir
aquellas palabras... No recuerdo el nombre del bar, pero estaba en
una esquina y era muy grande. Entramos y una camarera ataviada con
americana amarilla y minifalda blanca, nos dirigio a unos taburetes
disponibles. Tomo nuestras ordenes, dos cervezas, y desaparecio. "¿Que
te parece?" me pregunto Karen con una sonrisa burlona en su cara
que reflejaba claramente que ya sabia lo que me parecia. El espectaculo
que se desarrollaba ante mis ojos y a mi alrededor, para quien no
lo haya visto y no este acostumbrado, era impresionante. Muchas, unas
20, bellezas asiaticas bailando en el escenario detras de la barra
de bar, vestidas con biquinis reveladores. Musica a todo volumen que,
apropiadamente para la ocasion, hacia resonar los acordes de la cancion
"One night in Bangkok" de Murray Head que se habia hecho
famosa en los 80. A nuestro alrededor, otras bellezas en los mismos
biquinis paseaban, hablaban con los clientes y, en algunos casos,
se sentaban en sus regazos, les besaban y reian con ellos. Llegaron
nuestras cervezas. Brindamos. Se me acerco una chica deliciosa. Educadamente
me ofrecio su mano, que estreche observandola. Me pregunto mi nombre
y me dijo el suyo. Casi enseguida me pregunto si la podia invitar
a beber algo con nosotros. Por supuesto. Con un beso en mi mejilla
y una sonrisa, fue a buscar su bebida. Vi que Karen se reia. "¿Que
pasa?" pregunte, algo cortado. "Nada, eres el tipico macho
occidental que cae ante la belleza asiatica" se rio a carcajadas.
Bueno, pues si. Es que ella, que era lesbiana, no se habia dado cuenta
de lo deliciosa que estaba?... como se llamara. No me acordaba de
su nombre. Justo entonces volvio mi adorable nueva amiga con su coca-cola
en la mano. Brindo con nosotros. Debia tener mucha sed porque apuro
su bebida de un trago. "Me gustas mucho. Quiero irme contigo"
me dijo al oido. Sus labios atraparon el lobulo de mi oreja provocandome
inmediatamente una ereccion. Yo podia ser nuevo en esas circunstancias,
pero tonto del todo no era. Mire a Karen, que, divertida, seguia con
una sonrisa nuestra conversacion. Apuramos nuestras cervezas, pagamos
la cuenta y salimos a la calle. Karen me miraba divertida. "¿Estas
muy cansado o quieres que vayamos a tomar otra cerveza?" pregunto
burlona, sabiendo de antemano cual seria mi respuesta. "Tu mandas,
donde tu quieras". Pasando entre tenderetes que vendian CDs piratas,
relojes y camisetas de marcas replicadas, al otro lado de la calle
Karen me guio hasta otro de los muchos bares que se alineaban de un
extremo al otro de la calle. Dentro, otra vez una solicita camarera
nos indico un lugar vacio con una mesa en uno de los largos sofas
que flanqueaban ambos lados del interior del bar. De repente nos vimos
envueltos por una nube de agresivas super-modelos asiaticas con poca
ropa a la caza de una bebida. Inmediatamente me puse a la defensiva.
Las chicas eran impresionantes, pero esa agresividad reclamando invitaciones
tenia que significar que aquello nos iba a costar mucho dinero. Muslos
y pechos se amontonaban tentadores ante mis ojos, pero me negue a
invitar a ninguna de ellas. Karen tambien parecia abrumada por tanta
atencion. Por suerte, al cabo de un momento, la camarera que nos traia
las cervezas ayudo a despejar a las atractivas ninfas que nos rodeaban
como buitres. La camarera nos pregunto si era la primera vez que estabamos
alli. Ambos respondimos que si. Hablamos un rato mas y la invitamos
a tomar algo con nosotros. La musica cambio de ritmo por unos instantes
y, siguiendo esa señal, hubo tambien un cambio en las chicas
que bailaban en el escenario. Pudimos ver que las que habian estado
bailando hasta entonces descendian y la mayoria de las que nos habian
recibido tan agresivamente pasaban a bailar. Teniendo la ocasion de
contemplar sus cuerpos mas detenidamente, me arrepenti de no haber
invitado a alguna de ellas a acompañarnos. Realmente en este
bar las chicas tenian cuerpos mucho mas impresionantes que en el anterior.
Muy femeninas. Muy altas. El proceso de seleccion debia ser distinto.
Dos de las que habian bajado de bailar en el escenario se nos acercaron.
Una a Karen y la otra a mi. Yo enseguida le tuve que decir a la que
se me habia acercado que, pese a considerarla muy atractiva, no era
mi intencion pasar el resto de la noche con ella, aunque fuera una
maestra a la hora de chuparla tal y como prometia y yo no ponia en
duda. Viendome despedir a aquella deliciosa mujer de curvas irresistibles
con mirada triste por lo que me perdia, Karen se rio y me presento
a la que se habia sentado junto a ella. "Esta es Dalia"
me dijo. Nos saludamos con dos besos. Dalia era impresionante. Muy
alta, como parecian ser todas sus compañeras de bar, delgada,
piel morena, pechos que reclamaban la atencion de quienes estaban
a su alrededor, cabello largo negro que casi le llegaba a la cintura,
cara muy atractiva.
Continuara...