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Wilsilor
(1: Mi hermana Wilsi).
Es
la historia de dos hermanas que se odiaban a muerte, pero que, por
medio de un juego, ambas descubriràn que el mundo no es lo
que se habìan imaginado.
Tengo 18 años, soy muy hermosa, flaca, pero no anoréxica,
visto a la moda y de una manera que a los chamos siempre los pongo
a fantasear. Tengo los cabellos negros, enrulados, y mis ojos son
verde claro. Soy muy exitosa y todos quieren ser mis amigos, solo
por el interés. Fumo desde los quince años, por moda,
más que por necesidad y mis padres ni se lo imaginan. He tenido
muchos novios y siempre he sido algo facilona y me he jactado con
mis amigas de ser muy buena en la cama; pero jamás, jamás
(lo juro), había estado con un hombre. Nunca pasé de
unos besos, caricias, no me dejé tocar jamás ni siquiera
las tetas. La verdad es que tenía miedo de ir más allá.
Pasé horas interminables pajeándome en mi cuarto o en
el baño para calmar mis ansias de tirar. Tengo una hermana
llamada Wilsibeth, que para entonces tenía quince años
y era una chama desaliñada y tonta. Yo siempre pensé
que ella tenía retardo mental, por lo caída de la mata,
es decir, por lo ingenua; pero no, simplemente era lo contrario a
mí. Era muy retraída, ensimismada y salía de
la casa sola para ir a estudiar. Nunca fue a fiestas, no tenía
un solo amigo y siempre se vestía con ropa holgada y fea. Tenía
los cabellos cortos a la altura de la nuca y sus ojos eran también
verdes, pero protegidos por unos gruesos lentes. Me daba pena que
dijeran que éramos hermanas y siempre trataba de evitarla.
Creo que yo la odiaba por ser tan tonta, pero hasta ahí. Para
colmo de males, estudiábamos juntas porque yo me atrasé
un año. Soy bonita, pero brutaza en los estudios, lo reconozco.
Hace un año, estábamos en cuarto año y las cosas
estaban igual, solo que, con nosotras estudiaba un chamo llamado Cristo
Jesús, hermoso, fornido y al que todas las aves de rapiña
del colegio le estaban montando el ojo. Yo era una de ellas. Supuse
que tenía ventaja porque nadie se me resistía. En esos
días me vestí lo más provocativa que pude y llamé
su atención de muchas maneras, pero nada. No pasé de
solo conocerlo y pasarla bien hablando un rato. Me extrañó
que no se fijara en mí como yo deseaba y llegué a pensar
que era raro, pero no, no lo era. Las chamas de la escuela estaban
seguras que él y yo teníamos algo, pero él ni
siquiera me miraba. Lo peor fue, que en el primer lapso, él
salió muy mal en matemáticas y necesitaba ayuda urgente.
Demás está decir que yo en ese sentido era nula. Fue
entonces cuando lo vi con mi hermana. Comenzaron a frecuentarse y
a mí me daban unos celos enormes. Ella alegaba, sin embargo,
que solo lo estaba ayudando con la materia y nada más, ¿Cómo
se iba a fijar un chamo así en ella?, me dijo varias veces.
Pero mi rabia era tal, que un día le hice una escena a Cristo
Jesús, le reclamé por ser tan tonto y no voltear ni
siquiera a mirarme cuando yo pasaba con mis mejores trapos. -No me
interesan tus trapos- me dijo-. Eso es algo superficial que no contribuye
en nada para mi vida. -¿Entonces buscas algo que contribuya
contigo? ¿Lo que tienes con mi hermana es por interés?
-No tengo nada con tu hermana, pero si me interesa ella, especialmente
porque es muy inteligente y puede enseñarme mucho. -Esta bien,
¿pero por qué a mí ni me ves? ¿No te gusto?
-Eres muy bonita, pero la belleza pasa. Perdóname que te lo
diga, pero así no lograrás nada en la vida. -Siempre
obtengo lo que quiero. -Pero no de la mejor manera. ¿Crees
que un cuerpo bonito lo es todo en la vida? Hay cosas más importantes
para mí. -¿Cómo la mente’polla de mi hermana?
-No es mente’polla. Deberías verte en su espejo. Se va
a graduar con honores y tú ni siquiera figurarás. Yo
deseo entrar a una buena universidad y por eso quiero asegurar mis
notas. Además, tú hermana si me gusta. -¡Esa coño
de su madre! -¿Ves? Eso es lo que no me gusta de ti: Eres grosera
(y no hay nada que deteste más que una mujer grosera), superficial
y por lo que he visto y sé de ti, eres muy "fácil",
y lo fácil, no va conmigo. -"¿Fácil?".
Yo ni siquiera he estado con un hombre, Cristo Jesús. Soy virgen
aún. Cristo Jesús me observó por un segundo y
luego se echó a reír. No me creyó porque de todos
era sabido que yo tenía años tirando, supuestamente.
Traté de explicarle que solo era fama, pero él me dijo
que no era su problema. Para entonces yo estaba llorando y deseaba
matarlo, pero más quería matar a mi hermana. -Te confieso
que me gustas, pero me da lástima que a la mayoría solo
le gustes para "aquello"… -¡Te odio! -Todo esto
te lo digo por tu bien y espero que mejores y tomes ejemplo de tu
hermana. Lloré como una magdalena todo el camino a casa y,
cuando llegué aproveché que mis padres siempre llegaban
a eso de las 6:00 p.m. del trabajo, y le reclamé a Wilsibeth
una vez más, solo que esta vez, le dije que en fondo no era
más que una puta "con su carita de yo no fui…"
Ella no pudo evitar que yo le entrara a golpes y tampoco se dejó,
así, amabas nos coñaseamos esa tarde como callejeras
y dejamos su cuarto vuelto un caos. Esa noche fue terrible para mí.
Recordaba las palabras de Cristo Jesús y me sentía muy
mal. ¿Qué tomara ejemplo en mi hermana? ¿Qué
podía copiar yo de esa ridícula? Medité mucho
esa noche hasta que llegué a la conclusión que debía
hacerle tragar sus palabras. Él pensaba que ella era casta
y pura, pues yo le iba a demostrar que no, ¿cómo? No
tenía la menor idea, pero de alguna manera la haría
caer bajo. A la mañana siguiente, era sábado. Yo me
levanté temprano y fui a su cuarto a disculparme, supuestamente.
-Hola. ¿Podemos hablar?- le dije sentándome junto a
ella. En un momento fui víctima de sus reproches y con razón.
Me dijo que estaba harta de mí y de mis burlas, que ya no soportaba
ser la tonta y menos, que siempre la regañaran por mi culpa.
No me sentí mal en ningún momento mientras la escuchaba
decir toda una sarta de idioteces y cursilerías de hermana
reprimida. En mi mente retorcida solo disfrutaba de verla sufrir;
solo que ni siquiera había empezado su tormento. Como supuesta
buena hermana, le pedí disculpas por mi actitud y le dije que
aceptaba el hecho de que Cristo Jesús gustara de ella y no
de mí. -Pero es que no lo entiendo- dijo ella sentándose
en el medio de la cama-. Él siempre ha sido novio de nenas
bonitas y lanzadas; yo no soy de su tipo. Soy más bien, tonta
y sumisa. -Mira, Wilsi, déjame darte un consejo: conozco bien
a los hombres y especialmente a Cristo Jesús. Estoy segura
que no se te acerca precisamente porque seas una cerebrito…
-¿No? ¿Y entonces por qué? -¿Cómo
que por qué? ¡Quiere coger, tonta! -¡Ah, no…,
eso sí que no! ¡Soy muy chica para eso!
Continuara...