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Ensayo:
Con la -S- de sumisión 2.
Desafortunadamente
encontramos muchas sumisas que tampoco quieren una sumisión
mental.
Abrirse mentalmente, en tus cosas íntimas, secretas, tus fantasías,
no es fácil; pero cerrarse completamente nos hace advertir
que debemos tratar con cuidado una relación así.
Podemos estar ante una sumisa que oculta verdades premeditadamente,
incluso su propio sexo (oculto bajo un nick feminizado y sumiso),
que oculta taras, que miente.
En la sumisión mental hay mucho que profundizar entre Dominante
y sumisa. En esta forma de sumisión, realmente, a un Dominante
le importa menos lo que la sumisa ha sido o es, importándole
mucho más lo que quiere ser y sobre todo, lo que de su mano
puede llegar a ser y hacer. Requiere paciencia (estrategia), tiempo,
pericia, equivocarse (y esto la sumisa lo debe permitir), para ir
conociendo y explorando todas y cada una de las cualidades y personalidad
de la sumisa, descubrir aquellas que le resultan más afines,
potenciar esas cualidades en que la sumisa se manifiesta más
sublime aún, más entregada si cabe en su qué
hacer diario, ya sea profesional, en las relaciones convencionales,
en su entorno más personal.
Es descubrir y trabajar sobre todos y cada uno de los tabúes
que condicionan el comportamiento de la sumisa, también del
Dominante. Porque del Dominante es descubrirse también hasta
dónde está dispuesto ordenar (y ceder) en la entrega
de la sumisa.
Es un orgullo para un Dominante encontrar a una sumisa que porta su
señal de pertenencia sin el menor recato en su entrega dónde,
cómo y cuándo esta entrega se produzca.
Y el papel que juega la sumisa en esta forma de sumisión mental
requiere de su parte un gran aporte de iniciativa, de reflexión,
de introspección. Iniciativa a la hora de ir cediendo partes
de sí misma, de su intimidad, de sus fantasías, de su
tiempo.
Reflexión acerca de su personalidad, de cómo todas sus
obligaciones diarias pueden ser direccionadas en favor de su Amo.
Introspección sobre ella misma, sus puntos fuertes y potenciables,
sus áreas de mejora y los esfuerzos que sobre ellos debe hacer.
Y por supuesto, iniciativa, reflexión e introspección
sobre las metas que su Dominante pretende alcanzar con su entrega.
En las relaciones reales la sumisión mental se manifiesta de
muchos modos, por ejemplo: No es lo mismo preparar la mesa para comer
una pareja que preparar la mesa para que coma tu Amo. O, en el trabajo,
en cosas tan sencillas como el aprovechamiento del tiempo, la pulcritud
y calidad del trabajo, hacer las cosas con esmero, poner los cinco
sentidos en cada cosa que hace.
O, en las relaciones personales, mediante un control de sus emociones,
ya sean de alegría o de tristeza o de enojo, en la forma de
hablar, expresarse, dirigirse a otras personas.
O, en sus tareas diarias, mediante la dedicación de un tiempo
específico a su Dominante (sin él presente) y creándose
nuevos hábitos o ejercicios diarios que tienen que ver con
su conocimiento, su cuerpo, su sexualidad. En las relaciones por Internet
la sumisión mental es más compleja, no de hacerse, sino
de ser percibida por el Dominante.
Se me ocurren algunas formas más o menos sencillas que además
pueden realizarse de modo continuado y manifiestan la sumisión
mental, siendo algunas de ellas: La elaboración de escritos
diarios donde la sumisa cuenta al Dominante todo lo que ha hecho durante
el día, aquellas cosas que específicamente él
le ha mandado hacer contadas con todo lujo de detalles, transmitiendo
sentimientos y placeres percibidos y anotando también todas
las veces que se ha acordado de su Amo y por qué.
No creo necesario profundizar que el modo más evidente de sumisión
mental tiene que ver con la obediencia y la disciplina: en la comunicación
con su Amo los días y horas y formas previstos; la relación
con otros Dominantes y sumisas de su entorno evidenciando el respeto,
lealtad y entrega a su Amo; pidiendo permiso sobre aquellas cosas
que piensa que su Amo no le tiene autorizado y debe conocer previamente;
incluso estando dispuesta a cambiarse el nombre por aquél con
el que desea darla a conocer su Amo. Antes mencioné el juego
o sesiones o escenas de humillación BDSM. Unas líneas
para precisar qué entiendo por humillación BDSM. ¿Es
insultar? ¿Es llamar a una sumisa, puta? ¿O perra? ¿Es
cambiarle el nombre? Es todo eso si no se hace porque sí. No
concibo un Dominante que inmediatamente que conoce a una sumisa la
llama como zorra o puta o perra o nada simplemente porque es humillante.
No concibo un Dominante que utilice o aluda descalificando al esposo
de una sumisa casada simplemente porque es humillante. Más
bien pienso que no es humillante, es solo ofensivo y al punto indignante
y de poco o nada experto el Dominante que se emplea de ese modo. Las
sesiones o formas de humillación BDSM son una expresión
de orgullo de la sumisa, sí, es la manifestación pública
y evidente de los deseos, sentimientos y prácticas que desarrolla
una sumisa. Es en ellas sobre las que trabaja el Dominante, descubriendo
o delimitando nuevos límites de una sumisa. La humillación
radica no es el sentimiento que percibe la sumisa (que insisto, es
de orgullo por serlo y manifestarlo) sino por cómo lo perciben
terceras personas que conocen una relación BDSM del Dominante
que la somete y sumisa que le obedece. Una vez más, me cuesta
expresarme, por eso dejo que sea una cita de Vanessa Duriés,
en el capítulo 1 "La revelación" de su libro
La atadura quien exponga a lo que me refiero: "Hasta que conocí
a Pierre, me costaba imaginarme en situaciones que se me antojaban
escabrosas y, por ejemplo, jamás me habría atrevido
a hacer de prostituta. Me habría negado a ello arguyendo que
ese papel no casaba del todo con mis fantasías. Pero mis experiencias
con Pierre me han enseñado que, si bien era capaz de convertirme
en una buena y auténtica puta, aceptaba gustosamente interpretar
ese papel para que mi amante gozara. Verlo enorgullecerse de mi sumisión
me procuraba una exaltación rayana en el placer físico.
¿Se trataba únicamente de experimentar la satisfacción
del hombre amado? ¿O es que el hecho mismo de entregarme sin
condiciones a un tabú social para transgredirlo, con la coartada
de gustar a mi amante y de estar cumpliendo una orden suya, me procuraba
sensaciones inauditas? ¿Era la humillación que sentía
al verme tratada como una putita lo que me proporcionaba ese placer?,
¿o era la maravillosa posibilidad de evadirme a un universo
en el que jamás me habría atrevido a adentrarme sola,
sin Él?" En definitiva, la sumisión mental, por
su dificultad de ponerse en práctica, por la lentitud de su
evolución y por lo particular (subjetivo y personal) de quiénes
la practican encubre todo un mundo BDSM muy hermoso, muy placentero,
motivo de mucho orgullo tanto del Dominante como de la sumisa; que
genera lazos de pertenencia o vínculo muy sólidos y
hacen posible una relación muy estable, nada monótona
y muy prolongada en el tiempo. Es al mismo tiempo una forma de sumisión
que hay que leer entre líneas, en los relatos, en la literatura,
en los libros especializados sobre BDSM. Es la sumisión que
los autores dejan en los pensamientos de los personajes, que dejan
en la repetición de determinados actos o acciones, que apenas
ocupan líneas en un prólogo, en un capítulo o
párrafo introductorio. No digo bien si me quedo en lo anterior.
Continuara....