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Sea
un buen animal.
Si
su vida sexual se encuentra en un estado de pánico o inercia,
solo puede hacer una cosa: ¡Despertar! Empezar a aceptar su
sexualidad como un buen animal.
Piense en la gente que le rodea. Piense en los millones de individuos
que viven hoy en este planeta. Ninguno de nosotros estaríamos
aquí si la naturaleza no hubiera hecho tan placentero el sexo.
Las actividades sexuales nos incluyen a todos. Todos sabemos instintivamente
como funcionar en ese campo. Nadie tiene que ir a la escuela a aprenderlo.
Es algo natural, sensacional, excitante, hermoso… salvo que
reprimamos nuestra sexualidad o le impongamos limitaciones externas,
salvo que caigamos en la trampa de pretender que estamos por encima
de la sexualidad.
Que a los seres humanos les guste copular es algo natural. Les encanta
besar, tocar, palpar, lamer, acariciar. Pero podemos impedir a nuestros
cuerpos una actividad sexual perfecta si empezamos a juzgar nuestras
actividades sexuales según criterios sociales de "normalidad",
si nos preocupamos demasiado por lo sexual y creamos con ello conflictos
innecesarios con nuestros instintos.
Cuando inicia usted por vez primera una relación sexual, ésta
puede ser perfecta. Si está usted totalmente entregado a ella,
los cuerpos reaccionan normalmente porque los que participan se lo
permiten.
Si sienten ustedes libremente el amor y la pasión mutuos, sus
cuerpos harán de modo automático lo que saben muy bien
que han de hacer. Se humedecen sin que usted tenga que incitarles
a hacerlo. Experimentan sensaciones, escalofríos, respiración
acelerada, erecciones, períodos de estabilidad y de estimulación
intensa y orgasmos y eyaculaciones, ellos solos, por su cuenta. Su
cuerpo es un instrumento sexual perfecto "en principio",
porque no le interpone usted ningún tipo de obstáculo.
Pero después de llevar un tiempo de relación, es posible
que permita la intromisión de pensamientos o preocupaciones
exteriores. Quizás esté usted preocupado por la reunión
de negocios del día siguiente. Puede que le preocupe que les
oigan los niños, o quizás esté pensando en la
fiesta del viernes que viene, o en otra persona con la que preferiría
hacer el amor; o en el hecho de que no ha eyaculado, o en cualquier
otra cosa, incluidas las grietas del techo.
Cuando su pensamiento se aleja de las actividades sexuales de su cuerpo,
el cuerpo deja de comportarse como debe en las relaciones sexuales.
La cosa puede ser aún peor, puede avergonzarle a usted su sexualidad,
pueden avergonzarle sus "partes íntimas", ya para
empezar. La sexualidad puede parecerle a usted una cosa "sucia"
(lo mismo que puede parecerle una cosa sucia orinar, defecar, sudar,
etc.). Entonces, puede convertirse en un individuo impotente, "sexualmente
inactivo". Ya no experimentara esos escalofríos no esa
respiración acelerada, ni orgasmos. Se sentirá, por
el contrario, frustrado.
Adquirirá el hábito de reprimir las cosas que mas ansía
su cuerpo: que le acaricien y le amen sexualmente. Y, claro está,
esta frustración de su instinto sexual, esta "inercia
sexual", la pagará con aumentos progresivos de tensión,
depresión y quizá con todo tipo de trastornos sicosomáticos.
Si su vida sexual se encuentra en ese estado de pánico o inercia,
solo puede hacer una cosa: ¡Despertar! Empezar a aceptar su
sexualidad como un buen animal.
¿Ha visto usted alguna vez un animal que esté copulando
con su cuerpo y que tenga el pensamiento en otra parte?. Claro que
no. Los animales están en lo que están, gozan de si
mismos ahora. No les inquieta que pueda sentirse celoso el perro de
la casa de al lado. No les preocupa la inflación ni los plazos
de la hipoteca. No tienen jaquecas. Nunca piensan que lo están
haciendo por obligación. Se entregan por completo a lo que
hacen. Les da igual incluso que usted esté mirando. Ellos no
se avergüenzan de sí mismos. Si le da vergüenza a
usted de ellos, si les separa y les persigue y les echa, quizá
les de rabia, pero se irán corriendo a otro lugar y lo harán
allí. Todos podemos aprender de los animales. No tenemos por
qué copular en las calles; hay, por supuesto, sitios más
cómodos y más románticos. Pero si cultivásemos
en nosotros mismos los mismos instintos animales a los que se entregan
ellos para integrarse por completo en el acto mientras lo hacen, eliminaríamos
muchas interferencias y obstáculos que ha emplazado la sociedad
en el sendero de nuestras reacciones humanas naturales. No cabe duda
de que los seres humanos parecen por naturaleza más fijados
en las experiencias sexuales que otros animales, más predispuestos
a convertir las actividades sexuales en un arte. Ello se debe quizás
a que los seres humanos figuran entre el escaso número de animales
que parecen tener instinto de "unirse para toda la vida",
para ver como sus hijos crecen, para cuidarlos, para cuidarse unos
a otros en la vejez, juntos.
Así pues, junto con esa capacidad humana de reprimir la sexualidad
natural como ningún otro animal puede hacerlo, figura la capacidad
para apreciar las maravillas de la sexualidad como quizá no
pueda hacerlo ningún otro animal. Para llevarla al límite
de su inmensa capacidad de inspiración, de intimidad y de profundidad
justo ahora. Es posible que ésa sea la causa de que los humanos
sean capaces de pasar horas estableciendo contacto, jugando, subiendo,
caminando por lisas llanuras de estabilidad y de alcanzar las cimas
de estimulación intensa, orgasmos mutuos, de bajar de nuevo,
de descender de las cumbres cogidos de la mano… porque sus instintos
les dicen que toda experiencia animal es una imagen de toda su vida
unidos, toda su vida juntos, una afirmación de lo que han sido
y serán el uno para el otro, una celebración del hecho
de que como animales están casados para siempre.
O puede que gente que no tenga ningún deseo de unirse para
toda la vida pueda satisfacer sin problemas sus instintos sexuales
por el simple procedimiento de reaccionar a ellos cuando surgen de
modo libre y auténtico, cuando no se interponen en el camino
de su vivir y amar ahora consideraciones morales o éticas.
Continuara....