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Carta
a mi hermano Yves du Saint-Simon
Así
es como le contesto una carta que me envió pidiendo mis consejos
acerca del cunnilingulis.
A mi querido hermano Yves du Saint-Simon: En respuesta a tu angustiada
correspondencia en donde me pides consejo acerca de las satisfacciones
sexuales que un hombre debe saber dar a la mujer en sus entrepiernas
utilizando como instrumento amatorio la lengua, debo decirte que fue
de lo mas acertado que te dirigieses a mi solicitando ampliar tus
pocos conocimientos al respecto, ya que los míos son muy extensos
y sé que de ahora en adelante, después que leas la presente,
toda cuca que adhieras con tu boca será dichosa y muy feliz.
Cuando una mujer encuentra a un hombre que le haga un buen cunnilingulis,
sabe que tiene ahora una fortuna que se le convertirá en caudalosos
placeres y no lo va a dejar escapar fácilmente. Éste
es un espécimen exótico y ella lo sabe. Así que
empieza por recordar una cosa: la inmensa mayoría de los hombres
pueden fornicar y generalmente lo hacen de una manera satisfactoria,
pero aquel que sabe usar la lengua y la boca tan bien como su falo,
tendrá mujeres completamente incondicionales para cualquier
hecho o situación, ganadas para cualquier acto lujurioso, descarriado
o depravado que desees tener con ellas. Casi todas las mujeres están
inconformes con sus cuerpos. Incluso, si tienes a la mujer más
estupenda y despampanante del mundo en la cama, ella se estará
preocupando por como la aprecias y sí te gusta su cuerpo. Mientras
le acaricias delicadamente todo su cuerpo con todo tu cuerpo, dile
que es bella pero que no suene meloso ni cursi ya que debe salir del
aplomo de tu personalidad y de la exaltación de tus fibras.
Dile, con sinceridad y pasión, de sus partes las que te gustan
más. También dile cualquier cosa que suene lascivo y
juguetón a la vez (a todas las mujeres les gustan los piropos),
y se producirá entonces en ella un estímulo erótico,
físico y psíquico que permite que confíe en ti
lo suficiente como para cederte el poder bajar a sus entrepiernas:
Mientras vas descendiendo, la tensión sexual va en aumento
desde los niveles básales y primitivos hasta su ensimismamiento
pasional. Es así como los labios mayores se van aplanando,
dirigiéndose hacia arriba y afuera, dejando al descubierto
el introito. Los labios menores duplican o triplican su tamaño
haciendo las veces de prolongación de la vagina en un centímetro
aproximadamente. El clítoris aumenta de tamaño y se
puede hasta duplicar. La vagina empieza a lubricar y el tercio interno
se longa, se distiende y modifica su coloración tomando un
color rojo púrpura oscuro como consecuencia de la vaso dilatación;
El útero se eleva parcialmente y se produce la erección
del pezón, la tumefacción de la areola y aumento de
la congestión venosa mamaria. En la piel se produce un rash
maculopapular (el tan incomprendido enrojecimiento sexual), iniciándose
en el abdomen y extendiéndose rápidamente a los senos.
Hay tensión muscular voluntaria y también involuntaria
de los músculos abdominales e intercostales. La frecuencia
cardiaca y la tensión arterial aumentan en forma relacionada
al aumento de la ansia sexual que le estás provocando. Ahora
detente y admira lo que estás viendo y oliendo. ¿Es
bonito y agradable, verdad? No hay nada en el mundo que haga más
única e irrepetible a una mujer que su cuca. Aunque eso ya
lo sabemos porque hemos visto muchas. Las hay de diferentes tallas,
olores, formas y presentaciones. Algunas están metidas para
adentro como si aún fuese una púber y otras tienen los
labios gruesos y seductores que salen para darte la bienvenida. Las
mujeres negras con una gran bemba tienen las carnosas intimidades
tan grandes como su boca. Unas son cepillos enredados de pelo, otras
están cubiertas solo con una pelusa transparente y las hay
que tienen rapado el Monte de Venus bien sea en triángulos
con o sin artísticos tatuajes o bien totalmente depiladas.
Las hay que son súper-aseadas y huelen a enjuague bucal, las
que nos recuerdan un exquisito queso de oveja y las que tienen el
característico olor a urea amoniacal. Debes apreciar las cualidades
únicas de la mujer que tienes contigo y declararle lo que la
hace inconfundible, eso la hará sentirse segura de que es exclusiva
para ti, porque de cierto que así lo es, pero ella necesita
escucharlo. Las mujeres dan mucho más con las palabras que
los hombres, especialmente cuando hacen el amor. También responden
más a la intimidad y el galanteo de voz, lo que significa que
cuanto más le hables, más fácil te será
hacerla alcanzar un gran orgasmo. Así que todo el tiempo que
pases acariciando y manoseando su preciosa cuca, háblale de
ella (la cuca) a ella (la mujer), y obtendrás gratificantes
respuestas. Ahora, mírala de nuevo, gradualmente aparta los
labios y contempla los labios internos. Incluso chúpalos si
quieres. Separa las partes superiores de la cuca hasta que encuentres
el clítoris. Las mujeres tienen clítoris de todas las
tallas, igual que los hombres tenemos penes de diferentes tamaños,
pero esto no tiene nada que ver con su capacidad de orgasmo. Simplemente
significa que la mayor parte de él está escondido bajo
sus excrecencias. Y, atención, cada vez que toques el clítoris
de una mujer asegúrate de que el dedo esté húmedo.
Debes mojarlo con los jugos internos de la vagina, y hay que asegurarse,
sin ningún tipo de arrebato ni precipitación, el humedecerlo
antes de tocárselo, pues si no el dedo se quedará pegado
a él si está seco, y eso les duele. Pero tu no debes
tocarle el clítoris de cualquier manera, tienes que ir avanzando
sobre su cuerpo exacerbando sus sensaciones hasta los limites desconocidos
para ella. Antes de que ella se excite más, su clítoris
es demasiado delicado para ser manejado golosamente. Aproxímate
a su cuca despacio. A las mujeres, incluso más que a los hombres,
les encanta ser incitadas, provocadas, soliviantadas. La parte interna
de sus muslos es su punto más erógeno para nuestro cometido.
Lámelo, relámelo, bésalo, has exploraciones con
la punta de la lengua, sóplale, acércate aventureramente
a su cuca. Sorbe la aquella rugosidad donde las piernas se juntan
con sus pliegues vaginales. Acaríciate la cara con su maleza
de pelos y mordisquéale el pubis, frota tus labios sobre su
raja sin presionar, sólo estimulándola. En los labios
mayores de la nulípara hay ahora una importante ingurgitación
venosa y, si este periodo se prolonga, en la multípara se le
agregan edemas de acuerdo al grado de flebopatía que presente.
En los labios menores se produce un fenómeno que se denomina
"piel sexual" (cambio de coloración de un rojo vivo
a un precioso rojo vinoso) que indica que ya está en la ruta
del orgasmo. Las glándulas de Barthoñino secretan varias
gotitas de una gustosa sustancia mucoide que es la ambrosía
femenina, lamentablemente es poca la cantidad, así que hay
que paladearlo como a los mejores vinos de nuestras bodegas producidos
por nuestros ancestros. El clítoris eleva su cuerpo hacia la
parte anterior del pubis y en la vagina se desarrolla la "plataforma
orgásmica" en su tercio externo y que puede reducir la
luz vaginal en dos tercios cuando el resto de la gruta se sigue distendiendo
y agrandándose. El útero se eleva totalmente hacia la
pelvis mayor y aumenta su exaltación.
Continuara...