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Para
cagarse de la risa...
Narración
desesperada sobre las consecuencias de un malestar estomacal mal contenido.
Disculpen las vulgaridades de esta narración desesperada, pero
es como para cagarse de la risa…!!!!
Parada de Autobuses Caracas-Aeropuerto de Maiquetía, 3.15 p.m.
:
Pequeño malestar causado por un cólico intestinal, nada
que una buena orinada o un buen peo no pudiera aliviar, pero atrasado
como estaba para agarrar el autobús que me llevaría
al otro aeropuerto de Maiquetía de donde partiría rumbo
a Houston en un viaje de negocios, resolví aguantar un poco.
"Al fin y al cabo son solo 15 minutos de aquí a allá.
Llegando tengo tiempo de sobra para echar una meadita tranquilo"
– pensé.
El avión partiría a las 4:30. Entrando al autobús,
sin sanitarios, sentí la primera contracción y caí
en cuenta de que mi embarazo fecal había llegado al noveno
mes y que pariría de cuclillas tan pronto como entrara al baño
del aeropuerto. Volteé hacia un amigo que me acompañaba
y sutilmente le dije: "Pana, casi no puedo esperar a llegar a
ese aeropuerto de mierda porque necesito soltar uno de los grandes".
En ese momento, sentí como un zamurro pellizcándome
los interiores, pero le puse fuerza de voluntad y apreté con
fuerza ese culo.
El autobús ni siquiera había arrancado cuando para mi
desespero una voz dijo por las cornetas: "Señoras y señores,
nuestro trayecto entre Caracas y el aeropuerto se llevará alrededor
de una hora debido a un gran trancón que hay en la autopista".
Entonces ese zamurro interno se volvió como loco, queriendo
salir a cualquier costo. Hice un esfuerzo hercúleo para aguantar
el tren de mierda que estaba a punto de llegar a la estación
anal a cualquier momento. Sudaba frió y en chorros.
Mi amigo se dio cuenta, y como buen amigo que era aprovechó
para carraspear un poco la garganta. El alivio provisional me indicaba
que por lo menos por ahora las cosas se habían aplacado.
Intentaba distraerme viendo el paisaje, pero solo conseguía
pensar en un baño con una poceta tan blanca y tan limpia que
cualquiera podría almorzar encima. ¿Y el papel toilette
entonces? Blanco y suave, con textura y perfume y – oops !!
sentí un bulto acolchonado entre mi trasero y el asiento del
autobús, y me di cuenta consternado que me había cagado.
Un pupú sólido y comprimido de esos que dan orgullo
de padre. De esos que dan ganas de llamar a los amigos y parientes,
e invitarlos a apreciar, aún en la poceta, tan perfecta obra:
daba hasta para exponerlo en una bienal. Pero sin dudas, no era este
el caso. Miré a mi amigo, buscando un poco de solidaridad,
y confesé seriamente: "Mi pana, me cagué".
Cuando terminó de reírse, como cinco minutos después,
me aconsejó que me quedara en el peaje de la autopista y que
me limpiara en cualquier parte. Pero decidí continuar, pues
ahora todo estaba bajo control. "Qué carajo, me limpio
en el aeropuerto" - pensé - "peor que esto no puedo
estar".
Ni siquiera se había movido de nuevo el autobús, y el
cólico comenzó fuerte. Me concentré mirando un
punto fijo, me agarré de la silla, pero no lo pude evitar,
y sin mucha ceremonia o anunciación vino el segundo deslave
de mierda. Esta vez como pasta al dente. Eso fue mierda para todos
lados, borrando, calentando y empegostando nalgas, interiores, faldas
de la camisa, piernas, pantorrillas, pantalones, medias y pies. Y
un cólico más anunciando más mierda, ahora líquida,
de las que queman el aire saliendo rumbo a la libertad. Y después
un peo tipo sonoro, que ni siquiera intenté aguantar. A fin
de cuentas, ¿qué era un peíto para quien ya está
todo cagado? Ahora, el peo que le siguió fue como pesado, porque
me cagué por cuarta vez !!!. Recordé a un amigo que
una vez tenía tanta cagalera que decidió ponerse un
modess en los interiores, pero se la puso con las líneas adhesivas
hacia arriba y cuando se lo fue a quitar se llevó juntos la
mitad de los pelos del culo. Pero era demasiado tarde para tal artificio
absorbente. Había menstruado tanta mierda que ni un camión
cisterna a presión podía ayudarme a limpiar tanto desastre.
Finalmente, llegué al aeropuerto y saliendo como un bólido
(pero con pasos cortos) le pedí a mi amigo que recogiera mi
maleta del maletero y la llevara al baño del aeropuerto para
que pudiera cambiarme de ropa. Corrí al baño y entrando
de compartimiento en compartimiento, constaté la ausencia de
papel higiénico en todos los cinco. Miré al cielo y
blasfemé "Coño e' la Madre !!! ? Ya basta ...!!!,
¿no?". Entré en el último, sin papel, y
me quité toda la ropa para analizar mi situación (que
concluí que era como el fin del pozo) y esperar mi maleta con
ropas limpiecitas y olorosas, y con eso un poco de dignidad para terminar
el día.
Mi amigo entró al baño apurado, ya había hecho
el chequeo de las maletas e iba corriendo a intentar aguantar el avión.
Me tiró por encima de la puerta el boarding pass y un maletín
de mano, y salió antes de que yo pudiera recordarle a su mamá.
El muy coño e' madre había despachado mi maleta con
ropas. En el maletín de mano solo tenía un puto pulóver
con cuello en V. Desesperado, comencé a analizar cuáles
de mis ropas serían de alguna manera aprovechables. Los interiores:
a la basura; la camisa: era historia; los pantalones estaban tan deplorables
y habían cambiado de color como las medias, que fueron teñidas
de mierda; mis zapatos sacaron un 3 en una escala del 1 al 20. Tendría
que improvisar: la inventiva es la madre de la necesidad en estos
casos.
Entonces, transformé una simple poceta en una magnífica
lavadora. Volteé los pantalones del lado inverso, me agarré
de la barra, y sumergí la parte sucia en el agua. Comencé
a bajar el agua una y otra vez, hasta que la mayor parte de la mierda
se desprendiera.
Estaba listo para embarcar. Salí del baño y atravesé
el aeropuerto con dirección a la puerta de embarque usando
zapatos sin medias, los pantalones al revés mojados de la cintura
hasta las rodillas (no exactamente limpios) y el pulóver con
cuello en V, sin camisa. Pero caminaba con la dignidad de un Lord.
Embarqué en el avión, donde todos los pasajeros estaban
esperando sonrientes al "CAGÓN QUE ESTABA EN EL BAÑO".
Algunos no aguantaron y reventaron a reír. Con la frente bien
alta atravesé entonces el corredor hasta mi asiento, al lado
de mi amigo que no paraba de reírse a carcajadas.
La aeromoza, muerta de risa, me preguntó si necesitaba algo.
Llegué a pensar pedirle una guillette para cortarme las venas,
o 130 toallines perfumados para disfrazar el olor de fosa común,
pero decidí responderle: "NADA, MUCHAS GRACIAS, YO SOLO
QUIERO OLVIDARME DE ESTE DIA DE MIERDA".