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Los
dos arriba
A
veces la curiosidad nos hace creer otras cosas.
-Señor,¿ Tiene alguna habitación desocupada?
-le preguntó Ponciano al encargado de la pensión.
-No señor, no nos queda ninguna desocupada –le contestó
amablemente el señor –pero…lléguese hasta
una que está aquí al cruzar a la derecha a ver si tiene
suerte y consigue allí.
Ponciano le dio las gracias al señor, agarró su maletín
y se fue en la dirección que le habían indicado. Había
hecho esa pregunta varias veces en la noche pero debido a que la ciudad
estaba en Feria todos los hoteles, pensiones y viviendas que alquilan
habitaciones estaban ocupadas, debido a la cantidad de visitantes
que llegan para estas fiestas.
Necesitaba dormir para seguir camino en la mañana para la capital,
ya tenia cinco horas manejando y le faltaban todavía cinco
horas más, pero como era media noche y tenía sueño,
seguir en esa condición era bastante riesgosa para él
y para la unidad, un pequeño camión que era donde desarrollaba
su actividad comercial.
Llegó hasta la pensión que le indicaron, no era de cinco
estrellas pero si conseguía allí podía decir
que se había ganado la lotería..Entró a la pensión
y lo atendió un señor.
-¿Tiene habitación? –le preguntó.
El señor antes de responderle le miro de arriba a abajo para
ver su aspecto y se cercioró que no traía acompañante.
Le pareció buena persona y le contestó:
-Solamente me queda una sola habitación desocupada, y está
al lado de una parejita recién casados, si ud. me promete que
escuche lo que escuche no va a hacer nada, guarda silencio, se la
alquilo, si no no.
-Señor, yo lo que quiero es dormir, pues tengo que salir muy
temprano en la mañana para la capital, además yo soy
casado dos veces y dígame ud. ¿Qué puede hacer
esa pareja que yo no sepa? Lo que ellos van a hacer hace tiempo que
lo hice yo también, en su debido momento con mi esposa, por
supuesto.
-Okey, si es asi si. Confió en su palabra –le contestó
el administrador.
Ponciano canceló por adelantado el precio de la noche y siguió
al administrador que lo guió primero por un pasillo corto y
luego le abrió la puerta del cuarto, le entregó la llave
de la puerta y le dio las buenas noches. Ya adentro Ponciano cerro
con el cerrojo de seguridad por dentro, se quitó la camisa
y le hizo una rápida inspección al cuarto. Las paredes
eran de cartón masonite tapizadas con portadas de revistas
y papel periódico, una salita sanitaria dentro de misma habitación,
una ventana que da a la calle y al lado izquierdo, la habitación
de la pareja de recién casados.
Se acostó y acomodó un poco almohada para que la cabeza
le quedara mejor ajustada. Luego cerró los ojos para dormirse
y escucho a la señora de al lado que le dijo al esposo:
-¡Mi amor, mi amor, ahora yo arriba!!
Abrió los ojos y evoco algunas escenas del pasado de su vida
que el ya había vivido. Y sacó en su mente algunas conclusiones,
esa posición se practica mucho en pareja pues le permita a
la mujer mayor libertad de movimientos, que sea ella misma allí
arriba con su desenfreno, y puede ella imponer el ritmo de la acción,
sin presiones de ningún tipo.
Se dio media vuelta a la derecha, se acomodo un poco más y
volvió a cerrar los ojos. Luego se escucho la voz del hombre
que decía:
-¡Mi amor! ¡Ahora yo me pongo arriba!!
Volvió Ponciano a abrir los ojos y volvieron las escenas mentales.
Esa posición es más común todavía, es
la posición tradicional por excelencia la mujer abajo y el
hombre arriba, permite que el hombre determine la acción, prepare
el plan de ataque y la mujer se convierte en receptiva de las caricias
y de todo. Cerró de nuevo los ojos para luego escuchar que
la pareja de al lado, al unísono dijeron:
-¡Mi amor ahora los dos arriba!
Al escuchar esto Ponciano se levantó como accionado por un
resorte. Con el mismo impulso se sentó en la cama. No podía
creer lo que acababa de escuchar, para el era algo nuevo, algo nunca
visto ni vivido mucho menos: los dos arriba, increíble. Descalzo
se levanto para no hacer ruido y buscó un agujero en la pared
para mirar hacia el otro lado, dedujo que debía haber alguno
en alguna parte, por que la pared era muy frágil y de materiales
de poca dureza, blandos. No tardo mucho en conseguirlo y se fue acercando
poco a poco para no llamar la atención ni hacer ruido tampoco.
Acercó la cara a la pared de cartón, colocó el
ojo frente al huequito y miró a través del: Los dos
recién casados estaban sentados arriba de la maleta tratando
de cerrarla por que se iban de viajes en la mañana.