RELATOS EROTICOS
•
Relatos
• Cuentos
XXX • Literatura
erotica • Narraciones
• Cuentos
porno • Historias
de sexo
Toni
Canelloni la pifia de nuevo (Parte II)
Toni
sigue probando suerte, primero con una profesional del sexo y luego
en el instituto para vengarse de un chulito musculitos.
El plato entero de spaguettis corrió por la ropa de Toni. Incluso
le metieron un par de cucharadas en la entrepierna. Suficiente. Lárgate,
mamón, y reza para que no te volvamos a ver por acá.
– Toni salió por piernas, los spaguetti saliéndosele
por las perneras de los pantalones. Lloraba por la humillación,
pero enseguida decidió cobrarse venganza. Esa misma tarde se
informó de todos los detalles referentes al tal Román.
Se enteró así de que tenía una hermana de la
edad de Toni, llamada Trini. -¡Perfecto! Veremos lo que pasa
cuando ridiculice a ese bastardo delante de su hermana pequeña.
¡Nadie se ríe de Toni! Bueno, al menos no más
de una vez... – Decidió entonces meter ropa interior
femenina en la taquilla de Román y abrirla delante de su hermana
y todas sus amigas. El musculitos pasaría por un tío
tan pervertido como Toni, o incluso por un "rarito" aficionado
a ponerse prendas de mujer. Robó toda la ropa sucia de su propia
hermana y de su madre, la señora Canelloni, del cesto de ropa
para lavar. Pensar en lo avergonzado que Román quedaría
cuando su hermana sostuviera, con cara de completa sorpresa y decepción,
el enorme sostén de la señora Canelloni o las braguitas
con palominos de su hermana, le provocaba unas carcajadas terribles.
Qué poco queda para mi revancha, sí, qué poco...
¡Gulp! – Toni subía en las escaleras del instituto
en ese momento, rumbo a las taquillas. Alzó la vista y perdió
casi el equilibrio. Una monada de chica en la que hasta ese momento
no había reparado, estaba en lo alto de la escalera, hablando,
de espaldas a él con una amiga. Era pelirroja, llevaba el pelo
recogido en una cola de caballo. A primera vista ya le resultaba familiar,
como si la hubiera visto antes en una de sus múltiples fantasías
eróticas. Guau, que pivón... – La chica llevaba
minifalda, corta, muy corta, incluso demasiado corta. Un centímetro
más y casi enseñaría las braguitas. -Tal vez
si me agacho un poco. – Toni disimuló, haciendo como
que se la había caído una moneda, para agacharse, y
volvió a mirar. Pero hete aquí, ¡o hado infortunado!,
que la chica se dio la vuelta justo en ese momento. La minifalda se
levantó un poco, y Toni, intentando no perder la oportunidad,
perdió el equilibrio. ¡Que me caigooooo! – Al intentar
agarrarse a algo para evitar un vuelo en picado, lo primero que coge
es el brazo de la chica y ¡catapún! la arrastra con él
escaleras abajo. ¡Pum, pan, pum, pan, top, top, top..... ¡Catapún!
Medio muerto por el golpe, Toni no se da cuenta de que encima suyo
ha caído la chica. ¿Quién apagó la luz?
O, vaya. – comenta, al darse cuenta que lo que tapa su visión
es el busto de su inesperada compañera de viaje escalones abajo.
¡Ay! ¿Qué has hecho, inútil? ¡Casi
me matas! – Por fin Toni mira a la cara a la muchacha, y se
queda ensimismado. ¡Es la chica de sus sueños! Literalmente,
es la que se le ha aparecido para darle placer durante tantas y tantas
noches de sueños húmedos. ¡Pero si tú eres...
eres! – Antes de que pueda acabar, una enorme cabeza aparece
por encima del hombro de la ninfa de cabello color fuego, una cabeza
que Toni asocia, como si de una pesadilla se tratase, con la de su
enemigo Román. Es mi hermana, Canelloni. Esta vez sí
que la has cagado bien. – ¿Conoces a este chico, hermanito?
– pregunta, cándida, Trini, levantándose. Toni
no quiere mirar, pero no puede evitarlo. Sus ojos abandonan por unos
segundos la furiosa cara de Román para fijarse en los delicados
muslos de Trini. Y arriba, muy arriba, ve un par de hermosas y pulcras
bragas... ¿¿ROJAS?? – Trini se da cuenta de que
Toni puede verle su parte más "íntima" y se
ruboriza, adquiriendo el mismo tono que el tomate que unas horas antes
bañó el rostro de nuestro sufrido Toni. ¡Pero
serás cerdo! ¡Deja de mirar las bragas de mi hermana!
– Román la emprende a tortas con el pobre Toni, ante
la mirada de los curiosos que se han ido reuniendo en el rellano de
las escaleras. Trini también lo mira, con una expresión
rara, o al menos eso le habría parecido al bueno de Toni si
los mamporros de Román le diesen un respiro para poder fijarse
en ella. ¡No te vuelvas a acercar a ella, miserable rata viciosa!
¡Sé muy bien qué tipo de marranadas piensas ahora
mismo! Y si no, ¿adónde ibas ahora? Seguro que a masturbarte
otra vez con melones. – Esto yo... ¡ay! No, no, te lo
juro, iba a llevar unos materiales al labo... ¡ay! al laboratorio
¡ouch! – ¡Ja! – Román coge la bolsa
que Toni lleva y vacía su contenido. Ante las risas de todos,
aparecen media docena de braguitas y un descomunal sostén.
¡Lo sabía! Tío, estás acabado, ya puedes
ir pidiendo tu última voluntad. – Llamad a una ambulancia
cuando termine conmigo. ¡Ay! – Media hora más tarde
Toni sale ayudado por dos de los chicos del equipo, con el cuerpo
lleno de moratones, mitad cortesía de Román Tortellini,
mitad del batacazo en las escaleras. Pero lleva una sonrisa en la
cara: la que le provoca el recuerdo de las braguitas rojas de Trini.
Ah, si las viera otra vez más... – Desde el cristal de
una ventana, inmersa en un mar de sentimientos hacia ese chico tan
raro, Trini, observa el cielo. El caso es... que me ha gustado.