RELATOS EROTICOS
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de sexo
El
tipo gozón
Hay
que ser más sincero con la peticion a los santos.
-Okey mi amor, así, así, un poquito más acá,
ya va a estar listo –le decía Carlos a la novia mientras
ella se le sentaba en las piernas.
Carlos y su novia tenían por costumbre tener relaciones sexuales
cada vez que él le hacia la visita. Él se sentaba en
una silla colocada en la sala para ese fin y luego ella lo esperaba
vestida, sin pantaletas, pero con una falda ancha, para de esta manera
subírsela un poco, sentarse encima de él y luego de
la penetración dejarla caer a los lados con la intención
de cubrir una extensa área alrededor de ellos.
Si alguien los veía en esa posición, ni siquiera sospecharan
que estaba teniendo sexo. Aunque esta posibilidad era muy remota,
no se arriesgaban a correr riesgos innecesarios para evitar ser descubiertos
y que se les acabara el relajito que tenían.
Los padres de la novia trabajaban en las tarde y regresaban ya entrada
la noche, casi a media noche. La casa tenía aire acondicionado
y por ello las puertas y ventanas permanecían cerradas y por
allí nadie los veía. De esta manera Carlos, todas las
noches que podía echaba su polvote sin pagar hotel y sin correr
muchos riesgos.
Pero una noche que estaban gozando su puyero, Carlos y ella escucharon
que alguien metía una llave en la cerradura de la puerta principal;
ambos se miraron, se detuvo la acción, cesaron los movimientos
y los amapuches, se pusieron alerta y no había dudas alguien
de la casa había llegado. No se alcanzaba a ver quien era por
que la puerta estaba cerrada, pero sea quien sea, no podían
permitirse el lujo de que los pillaran en esa acción.
Accionaron, desde afuera el primer pase de seguridad de la cerradura,
y en ese momento Carlos levanta a su novia con fuerza de la posición
que tenía y la empuja prácticamente hasta detrás
de un sofá que estaba en la sala y la esconde allí para
que no se viera. Se levanto rápidamente y se metió el
pene aun con erección dentro del pantalón y se subió
el cierre. Luego no hallaba que hacer, de pie, allí en medio
de la sala. Hasta que al fin vio la figura salvadora.
En la sala de la casa, la familia tenía una estatuilla de José
Gregorio Hernández, como de 30 centímetros de alto colocado
en un nicho que le habían hecho para ponerle flores y recuerditos.
Carlos no lo pensó dos veces y de un salto rápidamente
se colocó al frente de ella, juntó sus manos en actitud
de oración frente a su pecho y volteo un poco los ojos hacia
arriba como esperando una iluminación espiritual.
El bulto en el pantalón de Carlos reflejaba que todavía
tenía erección producto de detener la acción
de lo que estaba haciendo.
Accionan el segundo pase en la cerradura de la puerta, bajan la manivela
y entra la persona a la sala, cerrando la puerta tras de si. Era el
suegro que venía llegando del trabajo un poco antes esta vez.
El suegro entró y se quedo parado de pronto, lo primero que
ven sus ojos es a Carlos en esa posición. Extrañado
por que nunca su yerno había manifestado esa devoción
por los santos y lo miraba de arriba abajo. Se le acercó un
poco y le dijo:
-Hola yerno…¿Se puede saber que estas haciendo ahí
frente a la imagen de José Gregorio Hernández?
-Aquí suegro pidiéndole a José Gregorio –
le contestó atemorizado Carlos.
-¡¡ Le estaréis pidiendo el culo por que tenéis
ese guebo más parao que`l coño!!!-le contestó
el suegro.