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Apuntes:
Otras plumas - Continuacion - (9)
«Jardín
de Venus. Cuentos burlescos de Don Félix María Samaniego.
Escribiolos en el Seminario de Vergara de Álava por los años
de 1780 y tienen burlas de frayles y monjas y mucho chiste y regocijo.»
Oyendo esto la moza y reparando en que el cuervo se acercaba al carro
donde estaba, tendióse en el colchón y remangando las
faldas presurosa, cara y cabeza se tapó medrosa, descubriendo
con este desatino el bosque y el arroyo femenino. Al mirarlos Farruco,
alborotóse; subió sobre el colchón, desatacóse,
y sacó... ¡poder de Dios, qué grande que era...!
Y a la moza a empujones enfiló de tal manera que al carro los
fuertes enviones, en vez de impedimento, daban a su timón más
movimiento. Y en tanto que él saciaba su apetito, ella decía:
-¡Sí, cuervo maldito; pica, pica a tu antojo, que por
ahí no me sacas ningún ojo! *** EL ONANISMO por Don
Félix María Samaniego Un zagalón del campo, de
estos de "Acá me zampo", con un fraile panzón
se confesaba, que anteojos gastaba porque, según decía,
de cortedad de vista parecía. Llegó el zagal al sexto
mandamiento, donde tropieza todo entendimiento, y dijo: -Padre, yo
a mujer ninguna jamás puse a parir, pues mi fortuna hace que
me divierta solamente, cuando es un caso urgente, con lo que me colgó
Naturaleza, y lo sé manejar con gran destreza. -¿Conque
contigo mismo -dice el fraile, enojado-, en un lance apretado te diviertes
usando el onanismo? -No, padre -el zagal clama-; no creo que sea así
como se llama mi diversión, sino la p... -Calla, hombre -dice
el fraile-. Yo sé muy bien el nombre que dan a esa vil treta,
infame consonante de retreta. ¿No sabes tú que fue vicio
tan feo invención detestable de un hebreo, y que tú,
por tenerlo, estás maldito; del Espíritu Santo estás
proscrito; estás predestinado para ser condenado; estás
ardiendo ya en la fiera llama del Infierno, y...? -¡No más!
-el mozo exclama, queriendo disculparse-. Esta maña no debe
graduarse en mí de culpa, padre. Yo lo hacía porque
veo muy poco, y me decía el barbero, mi primo, se aclaraba
la vista el que retreta se tocaba. Aquí con mayor ira el fraile
replica: -¡Eso es mentira! Pues si fueran verdad juicios tan
varios, las pulgas viera yo en los campanarios. *** LOS CALZONES DE
SAN FRANCISCO por Don Félix María Samaniego A media
noche, horrendos gritos daba una casada, y confesión pedía,
diciendo que a pedazos se moría de un cólico que atroz
la atormentaba. Llamóse a un reverendo franciscano, que era
su confesor... y, de antemano, estaba prevenido para ver de pegársela
al marido y gozar con la dama sus placeres; que en esto discurren
frailes y mujeres. Luego que con la ninfa se halló a solas,
se quitó el reverendo los calzones, y, con el taco libre de
prisiones, le hizo, sin más ni más, tres carambolas.
Y así que la purgó de sus pecados, volvióse a
su convento y dejando los calzones olvidados. Pero el olvido recordó
al momento, y el lance claramente contó al portero y le dejó
advertido de una industria prudente para evitar las iras del marido.
Entró luego en el cuarto de su esposa el buen cornudo, y la
primera cosa que halló en el suelo fueron los calzones, adornados
de sucios lamparones. Cogiólos, conoció la picardía,
y rabioso se fue a la portería, con intención formada
de dar al reverendo una estocada. Llega, pues, y el portero y el paciente
formalizan el diálogo siguiente: -Diga, hermano, ¿qué
cosa solicita? -Que hablar se me permita a fray Pedro, el guardián.
-Ahora no puede. -¿Por qué? -¿Pues no sabéis
lo que sucede a la comunidad? -Todo lo ignoro. -¡Hermano, que
ha perdido su tesoro! -¿Cuál era? -Una reliquia peregrina,
por la que hay en el coro disciplina. -¿Cómo ha sido?
-Esta noche la han llevado para una enferma, y la han extraviado,
no sé de qué manera. -¿Y qué reliquia
era la que causa tan grandes aflicciones? -¡Si eran de San Francisco
los calzones! -¡Esa patraña cuéntela a su abuela
el fraile motilón, que acá no cuela! Yo traigo aquí
guardados unos calzones puercos, muy usados, de un fraile picarón
que, con vileza, a mi honor ha jugado cierta pieza. -¡Esos son!
-el portero gritó ufano. Y se los quitó al punto de
la mano, diciéndole muy grave: -¿Cómo en su mente
cabe tan injuriosa idea? ¿Pues acaso no sabe que murió
San Francisco de diarrea? *** LA PEREGRINACIÓN por Don Félix
María Samaniego Iba a Jerusalén, acompañada de
su esposo, una joven remilgada, de carácter modoso, grave y
serio, y aparentando un santo beaterio. Siempre que su marido la embestía
inmóvil en la acción se mantenía. Y él,
pensando que en ella duraba la vergüenza de doncella, su pudor
respetaba al obrar, cada vez que la atacaba. Su peregrinación
y tiernos votos iban ya a ver cumplidos los devotos, cuando, antes
de llegar al feliz puerto, diez árabes les salen del desierto
y en el ancho camino cogen al matrimonio peregrino. Sin detención
los dejan en pelota y, viendo la beldad de la devota, resuelven, sin
oír sus peticiones, en su esponja exprimir los compañones.
Atan prestos al marido, de vergüenza y de rabia poseído,
y panza arriba a la mujer recuestan y alegres manifiestan diez erguidos
y gordos instrumentos, capaces de empreñar hembras a cientos:
vergajos que en el mundo no hay iguales sino bajo los sayos monacales.
Miró nuestra heroína sin turbarse el diezmo musulmán
que iba a cobrarse, y, al saciar del primero los deseos, con hábiles
y rápidos meneos agitó sus caderas de tal suerte que
dejó hecho un guiñapo al varón fuerte. Según
su antigüedad y sus hazañas, sobre ella, los demás,
pruebas extrañas de su vigor hicieron y aún con más
prontitud vencidos fueron. Quedaba un musulmán de bigotazos
que quitaba los virgos a porrazos; engendrador a roso y a velloso,
máximo atacador del sexo hermoso. Aqueste, pues, embistió
con la beata; ella en sus movimientos se desata, él se procura
asir con fuerte mano y la quiere cansar. Pero fue en vano, que al
choque impetuoso el árabe rijoso se sintió vacilante
y, reculando, pierde su dirección. Así luchando, barriga
con barriga, puede más que el deleite la fatiga, y la virilidad
del moro bravo vino a quedar en moco de pavo. Concluida de los árabes
la empresa, márchanse a toda priesa; la beata se levanta y
se sacude, y a desatar a su marido acude que, testigo infeliz de su
trabajo, estaba pensativo y cabizbajo. Viéndole así
la esposa, le animó cariñosa, diciéndole se aliente,
pues es de Dios milagro muy patente haber con las vidas escapado.
A lo cual él responde: -Ya he observado... el milagro. Lo han
hecho tus meneos que jamás han cedido a mis deseos, porque
siempre me decías: "Ahí lo tienes: hazlo solo,
y tú solo te condenes". Y ella entonces repuso enfurecida:
-¡Está buena la queja, por mi vida! Pues qué:
¿me he de mover por un cristiano cuál por un vil y réprobo
africano? No te hacía tan tonto. ¡A perra gente, despacharla
pronto! * ocho joyas de la colección de poemas eróticos
"Jardín de Venus" del español Félix
M. Samaniego (Laguardia, Álava, 1745-1801), aquí adaptados
al formato de relato pero conservando la musicalidad de su rima original.
"El País de Afloja y Aprieta" abre la serie y los
demás aparece en ese orden páginas más adelante.
«Jardín de Venus. Cuentos burlescos de Don Félix
María Samaniego. Escribiolos en el Seminario de Vergara de
Álava por los años de 1780 y tienen burlas de frayles
y monjas y mucho chiste y regocijo.» reza la portada de la obra,
de 134 páginas.