RELATOS
EROTICOS
•
Relatos
• Cuentos
XXX • Literatura
erotica • Narraciones
• Cuentos
porno • Historias
de sexo
Se
murió mi mejor amigo
Tengo
un muerto encima.
Lo confieso sin ninguna vergüenza ni remordimiento porque yo
no lo maté, juro por lo más sagrado que no fui yo, él
se murió solo, allá abajo donde vivía perennemente
oculto de las miradas indiscretas. El siempre quiso vivir con sus
hermanas morochas en el interior, ahora estas morochas, solteronas
feas y peludas, quedaron literalmente guindando ya que su único
sustento siempre fue él, que aunque feo y cabezón supo
llevar la alegría a sitio tan apartado.
Este, ahora cadáver insepulto, se ha convertido en algo útil.
Sus hermanas las morochas tienen que cargar con él como lo
hizo "Juana la Loca" con el cadáver de su marido
"Felipe el hermoso". Si, en eso se ha convertido esa bendición
o castigo que quiso Dios fuera parte de nosotros los hombres, él
que siempre fue tan vivaz e independiente, hoy al ver que la cabeza
no le servía sino para pensar, ha decidido suicidarse y se
ahorcó con la liguita del interior.
Fue horrible, ese día, las pobres morochas se despertaron como
siempre amuñuñadas (bien apretujadas) y arrugaditas,
sí, porque ellas son inseparables: cuando hace frío
las dos se van para adentro, si por el contrario hace calor, ambas
salen a pasear al ruedo del pantalón para refrescarse, pero
bueno, no estábamos hablando de las morochas, sino de su hermano.
Pobrecito, el fatídico día que lo encontraron, estaba
guindando de la hebilla de la correa y así lo dejaron sus hermanas.
Yo por mi parte estoy de luto, se ha muerto un amigo inseparable,
un poco rebelde e impredecible, es verdad, pero no puedo dejar de
reconocerle sus méritos.
Siempre que salíamos conversábamos muchísimo.
Mientras yo me afeitaba él se ponía a hacer sus ejercicios
matutinos: arriba, abajo... derecha, izquierda..., se echaba su poquito
de talco, se ponía su suéter cuello de tortuga siempre
ajado y sin planchar que lo arropaba hasta el cuello, un poquito de
perfume en los cachetes morados y... ¡A Triunfar...!, eso sí,
él amaba a sus hermanas y las llevaba a todas partes, pero
cuando se asustaba por alguna razón me las mandaba a mi...
a la garganta.
Ese sí que era un amigo de verdad, yo no tenía secretos
para él. Era más copiooón: si por ejemplo yo
salía con una dama, mientras yo hablaba arriba, él,
no sé cómo hacía, creo que era telépata,
iniciaba otra conversación por allá abajo con la mejor
amiga de mis amigas que siempre resultaban ser rarísimas, porque
tenían labios pero no tenían dientes, tenían
pelos como Fidel y siempre andaban empapadas como si tuvieran un tubo
roto, yo sé que uno no debe hablar mal de los amigos muertos,
pero ¿cómo es posible que le gustara una cosa así?
no obstante ese era su gusto y se lo respetaba, lo importante es que
al final siempre llegábamos a un acuerdo: Yo me quedo con la
parte de arriba -le decía- y tú con la de abajo.
Siempre pensé que moriríamos juntos, pero no, ahora
él se fue y me deja a sus inútiles y feas hermanas morochas
y no sólo eso: mi vida se ha convertido en un caos porque ahora
cuando salgo con una mujer tengo que encargarme de ella y de su mejor
amiga. Todo yo solito... y la verdad que eso es demasiado para un
hombre.
Únicamente me consuela en este momento de luto y congoja, el
saber que no sólo yo cargo con un muerto encima, grandes amigos
como Graterolacho, José Ignacio Casal (le tenía tanto
cariño que anda con un cambur dentro del interior para recordarlo),
Cayito Aponte, el sacerdote y politólogo Laureano Márquez,
el comediante Emilio Lovera, el poeta Rosas Marcano, el músico
Aldemaro Romero, el chivo negro de Oscar Yanes, el abogado hípico
Jaime Pérez, el director de la revista DATE el niño
rata Kico Bautista, Waldemar y el negro Cordero de Acarigua, el cineasta
"enano" José Rodríguez, el publicista Carlos
Pelón Hernais y el capitán de aviación Bruno
Costanzo, entre otros, a raíz de la muerte de este gran amigo,
me han confesado que sí es posible vivir sin él; que
claro, siempre es triste no poder contar con ese apoyo pero que sí
se puede seguir, lo único que ahora hay que tratar de no comer
la sopa muy caliente, no vaya a ser que se nos queme la lengua.
Para terminar tan triste y luctuoso artículo de opinión,
no me queda más que invitarlos al entierro: Ha fallecido cristianamente
mi mejor amigo, sus hermanas morochas, su viuda la señora Próstata,
sus hijos: El Chiquito, Vejiga y Esfínter, invitan al acto
del sepelio que se efectuará sólo si por alguna extraña
razón el muerto se para y se deja enterrar.
Dirección: Funeraria Colonial, Carretera Panamericana, detrás
de la cancha de bolas criollas Favor no enviar Viagra.